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Arte

Carsten Höller: Sunday

red casten holler

Umberto Eco, en su libro Obra Abierta (1962), escribe que una obra de arte nunca está terminada en realidad, sino que más bien siempre está siendo leída de una nueva manera. El espectador no es meramente un receptor pasivo de la obra, sino que asume el papel principal, especialmente en el acto final de crear el significado. De esta manera, las obras de arte no son objetos de adoración, como las estatuas griegas en el Museo Metropolitano de Arte, colocadas en una habitación austera sobre altos pedestales blancos, y están consignadas a ser abordadas desde abajo y mirando hacia arriba, manteniendo la distancia respetuosa. Más bien, este enfoque hace del arte un objeto de interacción, destinado a ser examinado interna e íntimamente, y así es exactamente como Carsten Höller hace su arte.

exposciones en museo tamayo
3 Double Neon Elevator, 2016. Vista de instalación: Doubt , Pirelli HangarBicocca, Milán, Italia (2016). Cortesía del artista, con apoyo de INELCOM, Madrid © Carsten Höller Foto: Attilio Maranzano

Teniendo un doctorado en estrategias de comunicación olfativa de insectos de la Universidad de Kiev, Höller se aproxima al arte casi científicamente, pero no del todo. Tomando prestados elementos del método experimental, sus exposiciones tienen una definitiva sensación de laboratorio; sin embargo, decide jugar con algunas partes integrales, creando su propio camino de indagación y autoexploración. Principalmente, saca los dos componentes más importantes de la ciencia experimental: la hipótesis y el observador objetivo. Luego, Höller agrega un extraño elemento de travesura y diversión infantil, convirtiendo la concluyente y a veces arrogante ciencia, en una plataforma de exploración, diversión e introspección, con una conclusión abierta.

A través de este nuevo método artístico, todo el experimento ocurre internamente, y el espectador se convierte al mismo tiempo en objeto y sujeto del experimento, haciendo que los resultados del método sean mensurables solo para él y para nadie más. Y esa fue la sensación de entrar en Sunday, la última exposición de Holler en el Museo Tamayo Arte Contemporáneo, en la Ciudad de México. Al caminar a través de la estructura de red de pesca suspendida sobre el vestíbulo del museo, te sobrecoge la sensación de entrar en la madriguera del conejo de Alicia, conduciéndote a una nueva dimensión en la cual la lógica no aplica, y el contrato sobre las reglas de conducta que usualmente hacemos con tales Instituciones como un museo, está ahora completamente suelta, dejando la sensación de que ahora todo es posible.

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Light Wall, 2000/2017. Vista de instalación: Museo Tamayo, Ciudad de México, México. (2019) Foto: Ramiro Cháves.

Mientras te desplazas por encima del vestíbulo, la sensación de incertidumbre también se desplaza sobre ti. ¿Es esta la dirección correcta? ¿Alguien me está observando? ¿Es este guardia parte de la exposición? Esas preguntas te pasan por la mente al llegar al último piso, cruzando el techo y obteniendo un sentido íntimo de un edificio. Entonces, entras en una pequeña habitación con solo una gran escultura de madera que forma un espiral en sí misma. Sigues la escultura, entras en ella y ya no hay a dónde ir. Otra madriguera de conejo, piensas. De nuevo, alguien me está observando y burlándose de mi incapacidad para entender mi entorno. “Hay que apretarse por la escultura para pasar a la habitación de al lado”, me dijo el guardia, y pensé que era imposible que hicieran que los visitantes se metieran en este espacio de diez centímetros entre la pared y la escultura en movimiento. Sin embargo, eso fue completamente posible para Carsten Höller, y una vez que entras en la habitación de al lado, entiendes que todo esto en realidad no es extraño en absoluto.

La intensa luz estroboscópica reminiscente a cualquier rave te saca instantáneamente de tu normalidad, y como Höller probablemente desea, comienzas a reimaginar la experiencia del arte. Las píldoras colocadas en el suelo, la pantalla de intensa luz y las esculturas de hongos dorados te hacen sentir como dentro de una extraña fiesta de arte. Conectar el arte con la diversión, o que Dios no lo permita, un rave, convencionalmente parece casi sucio, irrespetuoso y definitivamente disminuye la importancia del arte en sí mismo, pero el experimento de Höller cuestiona esta noción. A través de la diversión, crea la sensación de una experiencia sincronizada en la que extraños se convierten repentinamente en sus socios en el crimen y donde. Por un momento, experimentas algo fuera de lo lógico ordinario, lo que puede permitirte formas diferentes de pensamiento, y estamos ante una necesidad desesperada de eso, hoy. Sin el público, el espacio de exhibición parece un club vacío después de la fiesta, y con la él, se convierte en un lugar de introspección, y esa es la verdadera magia del arte de Carsten Höller: permite que la audiencia complete su trabajo inacabado.

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Decision Tubes, 2019. vista de instalación: Museo Tamayo, Ciudad de México, México. (2019) Foto: Ramiro Cháves.

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