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Arte

Dulce Pinzón: soñadora de sueños

dulce pinzon

“We are the music makers,

And we are the dreamers of dreams,

Wandering by lone sea-breakers,

And sitting by desolate streams;—

World-losers and world-forsakers,

On whom the pale moon gleams:

Yet we are the movers and shakers

Of the world for ever, it seems.”

                                      -Ode (1873), Arthur O’Shaughnessy.

En 1971 se estrenó la película Willy Wonka & The Chocolate Factory del director Mel Stuart y protagonizada por el carismático actor Gene Wilder. La historia es la adaptación de la novela homónima de Roald Dahl de 1964, y en ella se narra la aventura de Charlie Bucket, un niño de bajos recursos que gana un boleto dorado para conocer la misteriosa fábrica de chocolate de Willy Wonka, junto con otros cuatro niños de distintas partes del mundo. Este clásico del cine marcó la infancia de muchos de nosotros. Aun cuando yo la vi muchos años después de su estreno, mis ojos de niña se quedaron maravillados ante las imágenes del film. Un mundo de imaginación que era posible, y en algunos casos, hasta comestible. Los sueños se volvían realidad y las pesadillas acechaban por los rincones. Creo que con esta cinta comenzó mi amor por el cine y mi fascinación por la creación de historias.

Recuerdo a detalle una escena en particular, y que, al momento de escribir este artículo sobre la fotógrafa Dulce Pinzón, me vino a la mente. Durante el recorrido por la fábrica, uno de los pasillos ostenta en sus paredes un papel tapiz comestible para empapelar los cuartos de los niños. Orgullosísimo de su creación, Wonka les dice a sus invitados que las laman. “Lick an orange, tastes like an orange. Lick a pineapple, tastes like a pinapple. Go ahead! Try it! The strawberries taste like strawberries! The snozzberries taste like snozzberries!” Ante esta última fruta desconocida, Veruca Salt, una niña consentida de papá, altaneramente cuestiona al chocolatero: “Snozzberries? Who ever heard of a snozzberry?” Entonces, Wonka le contesta: “We are the music makers, and we are the dreamers of dreams”. Esa frase siempre llamó mi atención pero hasta que tuve la oportunidad de entrevistar a Dulce, la comprendí mejor.

El poema titulado Ode, cuyas primeras líneas abren este artículo, es del poeta inglés Arthur O’Shaughnessy. Con esta estrofa el autor le habla directamente a los artistas, a los hacedores de música y a los soñadores de sueños. Entre líneas se entiende que cualquier cosa puede ser arte mientras exista la creatividad, la belleza y la desolación del espíritu. Y luego de releerlo, entiendo porque esa escena y esas palabras regresaron a mi memoria justo ahora. Dulce Pinzón es como el fabricante de chocolate, una forjadora de mundos fantásticos que en ocasiones nacen de situaciones difíciles y otras veces, sencillamente, de la pura imaginación y la necesidad de decir algo. “Siempre tuve este coqueteo con comunicarme a través de las imágenes. Me acuerdo cuando tenía 7 años y los reyes magos me trajeron un View Master. Para mí ese regalo fue como una catarsis. De alguna manera, visualmente me cambió. El poder entender la técnica detrás de esta magia que era simple pero que para mí tenía muchas capas de lectura, más allá de lo comprensible, me otorgó la cualidad de, a partir de ese momento, fijarme en la realidad de forma suspendida.”

Platicar con Dulce es como abrir un libro. Su voz llena el espacio y las historias comienzan a salir de su boca una tras otra. Su forma de narrar es tan entretenida e interesante que por primera vez en una entrevista no tuve necesidad de hacerle las acostumbradas preguntas. Ella misma iba aclarando mis incógnitas y dejando entrever su personalidad. Inquieta, curiosa, alegre. Así es Dulce Pinzón. Llena de memorias, sueños y metas por cumplir. No puedo más que envidiar un poco su empuje y su garra. Ahora la admiro más a ella y su a trabajo.

Ya desde chica se podía notar esa personalidad, según me cuenta: “Tengo esta vena muy comercial. Me encanta emprender. De chica le dije a mi mamá que quería poner un negocio. En ese entonces ella tenía una papelería en el Estado de México, dónde vivíamos, y ahí me puso una mesita y me compró más View Masters. Les añadí una cadena y rentaba los discos, digamos 3 por 1 peso, a los demás niños de la cuadra. Era una forma de compartirles la magia. Desde entonces me di cuenta que las imágenes llamaban mucho mi atención.”

Oz

Por lo que escucho de su historia, Pinzón tiene un espíritu que necesita ser libre, moverse, aprender y seguir adelante. Como todos, intentó la forma tradicional de estudio, pero algo en ella se sentía incómodo. “En la Universidad de las Américas de Puebla estudié Ciencias de la Comunicación, pero me di cuenta que no todas las clases me gustaban. Aquellas que más me llenaban eran las de fotografía, dibujo, música, por lo tanto, me sentía muy poco satisfecha. Tenía ganas de irme de México. Así que busqué y encontré la posibilidad de hacer un intercambio con la Indiana University of Pennsylvania. En realidad, tenía muchas ganas de irme a Manchester, pues sentía que tenía una influencia enorme del British Pop pero no alcancé los puntos para hacerlo. Terminé yendo a Indiana a estudiar música y fotografía. Para mí, esta oportunidad fue increíble pues el método con el que enseñaban era muy libre, lo que le dio rienda suelta a mis ideas.”

Un tiempo fue suficiente para que Dulce comenzará a sentir esa necesidad de algo más. Mientras me cuenta su trayectoria puedo ver en sus ojos ese brillo que seguramente tenía en el momento de los hechos. Su mirada es transparente y llena de energía. “Luego de un tiempo en Indiana, fui a conocer Nueva York y me di cuenta que debía estar en esa ciudad. En ese momento fue muy claro lo que tenía que hacer y deje IUP. Seis meses antes, volví a México para vender todo lo que tenía y llegué a casa de una amiga en el Bronx, –con ella fundé Greenpeace en Puebla, pues siempre me han llamado la atención los temas sobre el medio ambiente. Por supuesto cuando ella y yo hicimos eso todo era muy incipiente, pues era difícil encausar a la gente a algún tipo de activismo. En el Bronx, ella vivía en un departamento con 13 emigrantes, y yo compartí cama con otras tres chicas. Para mí, que venía de la clase media poblana, fue muy impresionante, pero me mantuve firme. Esa situación fue una de las lecciones más importantes de mi vida. Entendí que la decisión que había tomado, me estaba indicando el camino de algo que yo, nadie más, tenía que llevar a cabo. Había algo que debía hacer que iba más allá del simple hecho de tomar fotos. Obviamente fue muy difícil. Tenía algunos ahorros que se me acabaron muy rápido. Entonces, me vi en la obligación de buscar trabajo y entré de mesera. Me corrieron inmediatamente porque era un poco soberbia, pues pensaba que no debía estar ahí y no atendía bien a la gente. Sin embargo, la necesidad me fue demostrando la dinámica de lo que significa ser una migrante, privilegiada, pero migrante al fin. Eso y voltear a ver al otro, tratar de comprender porque había tantos mexicanos allá. Mi visa de estudiante se terminó y cada seis meses tenía que salir del país, lo cual cada vez se volvía más complejo. La última vez que llegué a Estados Unidos, venía directo de Zipolite, toda hippie, y fue la primera vez que tuve un poco de problemas para entrar. Me advirtieron que sería la última vez que me darían entrada, así que decidí parar con toda esta situación de privilegios.”

Ante la inminente pesadilla en que se convertiría todo si Dulce no cambiaba su perspectiva, ese carácter fuerte y determinado, lleno de ilusiones, volvieron a encausar su camino. Necesitaba trabajar y poner su mejor actitud. “Me metí a trabajar de niñera con la esperanza de que los padres de los niños me tramitaran mis documentos en algún punto. Sin embargo, corrí con la fortuna de que en ese momento conocí a quien sería mi primer esposo, un ingeniero de sonido de NYU, y mi vida cambió. Yo tenía tres trabajos: cajera en una licorería, revelaba rollos en un laboratorio y por las noches, cuidaba niños. Ya no vivía en el Bronx sino en Williamsburg y ya rentaba un departamento con dos personas más, pero para poder vivir así, tenía que trabajar muchísimo. Entonces, cuando conocí a mi marido, todo cambió. Él ya tenía una disquera bastante reconocida y me empezó a introducir en ese otro ámbito. Al mismo tiempo, estuve en el International Center of Photography en un programa llamado Teaching Assitant, en el cual uno ayuda primero limpiando los cuartos oscuros, luego vas ascendiendo y comienzas a ayudar en las clases y a fotógrafos. Finalmente me contrataron y estuve 10 años a cargo de los laboratorios. Fue aquí y durante este tiempo que pude llevar a cabo mi trabajo. Además, con mi marido hice las portadas de los discos de varias bandas. Mi nivel de vida subió muchísimo.”

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Ya sin tantos trabajos para poder cubrir sus necesidades y con el apoyo de su compañero, Dulce pudo dedicarse a su verdadera vocación y de pasó encontró un camino que la apasionaba, formar comunidad y ayudar a su sustentabilidad y mejora. “A partir de entonces, tuve el tiempo de dedicarme mucho más a la fotografía. También me enfoque en obtener becas. Mientras hacía esto, seguía trabajando en un café y una señora que siempre iba me ofreció un trabajo en la ONU como su asistente. Estuve ahí produciendo radio. Sin embargo, no fue lo que esperaba y me fui a trabajar directamente en la ayuda a migrantes. Me di cuenta que ya estaba haciendo fotografía y que tenía algo que decir. Me interesaba la lucha. Me politicé mucho y me metí a estudiar derecho laboral. Hice campañas con el procurador de justicia.”

Dulce no lo sabía aún pero su trabajo con los migrantes estaría llevando su carrera de fotógrafa a otros niveles. “Me contrataron para un sindicato. Fue la primera vez que me dieron un auto y ganaba un muy buen sueldo. En ese trabajo aproveché para enseñarles a los migrantes cómo alimentarse mejor, cómo defenderse, a hablar inglés, a cómo tener un punto de ventaja ante los arrendatarios en un contrato de alquiler, es decir, a empoderarlos. Ese empleo fue increíble porque me ayudó a entender cuál era mi misión pues me daba cuenta que tenía un poder de convencimiento muy fuerte. Así fue que fortalecí el concepto que ya venía trabajando -después de lo de las torres gemelas- del proyecto The Real Story Of The Superheroes. Aquellos a quienes ayudaba de alguna forma, se convirtieron en los protagonistas de la serie. Fue así como trabajé ese proyecto. Además, lo acontecido con las torres gemelas nos hizo vivir con miedo durante más de un año. Todos en esa ciudad vivíamos con la sensación de la inminencia de la muerte. Así que lo que tenía que hacer tenía que ser directo y acotado, y solamente podía hacerlo con la única herramienta que tenía a mi disposición, la fotografía.”

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Para poder lograr esa primera serie que tendría un éxito rotundo, Dulce decidió dejar su puesto en el sindicato, salir de esa zona de confort y vender un terreno que tenía en México para con ese dinero financiar el proyecto. Para entonces ya se había separado de su marido y vivía sola en un departamento. A pesar de que sabía lo difícil que se volvería su vida nuevamente al dejar la entrada de dinero que representaba su trabajo, se dijo a si misma que debía hacerlo pues de otra manera no comenzaría jamás su carrera de fotógrafa. Y todo parece indicar que fue la mejor decisión que pudo haber tomado. “Mi carrera se disparó cuando un amigo que tiene un restaurante llamado La Esquina en SoHo, me dijo que expusiera mis fotos ahí. Al principio no me gustó mucho la idea, pero fue una gran oportunidad. Un día, llegó a comer, como todos los días, un editor del New York Times, vio mi trabajo y me contacto. Me hizo una entrevista para su publicación y otra para The Newyorker. Eso le dio una legitimización impresionante a mi trabajo. Por ejemplo, para la foto de Spiderman, el dueño del departamento donde quería tomarla nunca me atendía. En cuanto le mostré las publicaciones me otorgó el permiso y sólo me pidió una copia de la foto. Así fui logrando la serie. Comencé con la foto más simple hasta la más compleja en cuestión de logística. Fueron aproximadamente 10 años de trabajo. Entre toda la producción, el momento de tomar la fotografía -con todas las implicancias de hacer tomas de ese tipo- y que además, yo no usaba Photoshop, la labor fue durísima.”

 Me impresiona saber que Dulce no usa ningún programa de retoque, porque claro, en esta época es casi imposible que alguien no lo use. Ante eso, me comenta: “El no hacer uso de un programa de retoque siempre fue importante pues esto me ha ayudado mucho a pensar la imagen primero, buscarla y entenderla. Yo soy de esas fotógrafas que toman 50 fotos o menos, y sé que tengo el resultado en alguna. Sé que los elementos ya los bajé de mi mente. Eso me ha dado mucha estructura y todo mi trabajo ha sido así. Mis series tienen esa noción de pre-producción para después simplemente llegar a registrar. Cuando estoy en la post-producción ya lo que tengo que hacer es muy básico y mínimo. Me interesa mucho que las fotografías tengan un grado de autenticidad, que se sientan con vida, así que no hago uso de programas de edición.”

La serie de los superhéroes fue un éxito rotundo y catapultó la carrera de Dulce. Comenzó a participar en ferias y varias galerías la representaban. Pero siempre sincera consigo misma y fiel a su estilo, algo comenzaba a hacerle ruido. “No quería alargar el tema de los superhéroes. Yo quería hacer otra cosa. Tenía muchas ganas de hacer fiestas. Entonces comencé a conocer otro tipo de gente y el mundo de los migrantes empezó a quedar atrás. Con Aldo Sánchez, un amigo, nos metimos mucho en el mundo del arte latino en Nueva York y nos dimos a la tarea de organizar fiestas caseras. La gente nos pedía que hiciéramos una más grande pues cada vez iba más gente. Trabajamos así con Carlos Amorales y llevamos a Nueva York a Titán, a María Daniela, al Instituto Mexicano del Sonido y a todo lo que sucedía en México en esa escena. Fue la primera vez que marcas como NaCo, Volkswagen y Budweiser nos buscaron para hacerles estos eventos. Reuníamos arte y fiestas, al mismo tiempo que hacíamos comunidad, algo que siempre me ha importado en mi trabajo. Fueron 4 años muy importantes en mi vida. Fue el mismo fenómeno que se dio con Diario de Fiestas en la ciudad de México. De hecho, Zélika García nos pidió que hiciéramos las fiestas del after party de Zona Maco. También las organizamos para distintas ferias de arte y galerías. A nivel de mi carrera esto me ayudó bastante pues generé muchos contactos.

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Dulce se dedicó entones a documentar este movimiento. Le tomó fotos a las personas que le interesaban y que sentía que iban a lograr algo importante en el ámbito en el que se movían. “Fotografié a Ali Gua Gua, a las Kumbia Queers y a muchos que ahora son de culto. De ahí se genera la serie People I like. En ella retrato a estas personas con los elementos que conformaban ese alter ego que yo veía en ellos. Además, se puede observar mis referencias pictóricas como Caravaggio, Vermeer, Rembrandt, así como de el sentido de introspección y estructuración de la foto.”

Para entonces, Dulce conoció al que sería el papá de sus hijos. Él vivía en la colonia Roma y Dulce consideró que lo más lógico era que ella regresase a México pues ya tenía una carrera consolidada y había ganado el FONCA, además de estar más en contacto con la escena mexicana del arte. Sin embargo, para ella fue un parteaguas el darse cuenta de que la Ciudad de México estaba súper contaminada, así que decidió que debía hacer algo. “Pensaba sobre qué proyecto podía hacer. En ese transcurso de tiempo, di clases en Puebla en una maestría, y conocí a una persona que me preguntó si me gustaría hacer autorretrato. Le contesté que sí, y que quería incluir a mi recién nacido y vestirnos como ositos. Él me contó que estaban por demoler el Museo de Historia Natural de Puebla pero que había una sala en la cual se estaba dando permiso, por parte del director, para que los artistas hicieran intervenciones efímeras. Cuando fui a visitar el recinto, me quedé sorprendida. Me resultaba una tragedia que fuera a desaparecer. Yo no quería hacer algo efímero. Entonces, le plantee al director, quien ahora es un gran amigo mío, que me diera un año para venir a hacer unas intervenciones. Él estaba interesado en recaudar fondos para salvar el espacio. Me dio el tiempo que le pedí y trabajé en el proyecto Historias del Paraíso. Reestructuré toda la iluminación y el cableado y lo convertí en un laboratorio de creación por un año. Fue un proceso un tanto inconsciente porque no me acuerdo de cómo logré ciertas cosas.”

 Al terminar esas fotos, el director del Centro de la Imagen le recomendó a Dulce llevarlas con Patricia Conde y a la galería RM. Por supuesto, Patricia le ofreció un show en octubre de ese año. Mientras tanto, Dulce empezó a ver cómo podía conseguir fondos para el museo. Por otra parte, y como si fuera destino, una galería de Puebla llamada Mercado Negro mostró la foto de Andy sobre el león (una de las imágenes más icónicas del trabajo de Dulce) y un diputado la compró. A partir de esa adquisición, ese hombre conoció toda la historia y junto con Moreno Valle pusieron dinero federal y estatal para reconstruir el museo, ahora llamado Evolución, el cual cuenta con cuatro salas donde se puede recorrer desde el Big Bang hasta la aparición de los mamíferos. “Me invitaron a la inauguración y lloré de la emoción. Toda la taxidermia se salvó. Así me di cuenta que iba por el camino correcto y que podía lograr cosas.”

Con esa confianza, Dulce conoce a Andrea, su vecina y con quien cambiaría la historia de ambas. “Un buen día me la encontré en la entrada del edificio llorando y en eso salió Vicente -integrante de los Rebel Cats- y se besaron. Fue tan hermoso que pensé que quería retratarlos. Los invité a que fuesen fotografiados en el museo y así lo hicieron. Con esa foto me escogieron en el Palais de Tokyo y fue expuesta en todo París, en los metros, etc. Esa imagen hizo que Andrea y yo tuviésemos una relación creativa por 7 años. Todo tuvo un proceso muy orgánico. El resultado de esa dupla fue un Sistema Nacional de Creadores y la portada más vendida de Playboy. Ambas trabajamos para darle vida al personaje de Andy, el cual sobrepasó la serie fotográfica titulada The Wonderful Life of Andy. Este proyecto fue muy importante en mi carrera pues me dio la posibilidad de volver a creer en el hecho de que sí podía decir aquellas cosas que me interesaban y que en ese momento eran crear fantasías e imágenes, romper paradigmas y generar lecturas reflexivas sobre el mundo en el que vivimos y volverlo más inclusivo.”

The Wonderful Life Of Andy entró a la colección permanente del Museo de Arte Moderno, siendo la primera vez que este lugar adquiere una obra contemporánea para que dialogue con sus piezas permanentes de mujeres. También entró a la del Carrillo Gil. “Cada una de las series ha tenido su gran momento en distintos ámbitos” -concluye Dulce.

Actualmente, Dulce sigue inspirada con sus ideales y sus intereses de toda la vida. Está vez habla del medio ambiente pero ya no haciendo fotografía como tal, sino como un vehículo de registro de acciones que está haciendo en espacios públicos utilizando materiales biodegradables para hablar del tema del unicel y de los poliestirenos, así como de la emergencia gigante que tenemos ante cómo revertir ciertos daños que le hemos hecho al medio ambiente y que en tema de salud las consecuencias y los gastos son enormes. Estos esfuerzos son parte del proyecto GENEROSITY, cuyo lema es: “No dejar huella en nuestro paso por éste mundo que no nos pertenece.” Además, está trabajando en el proyecto CICLO, una propuesta interdisciplinaria que busca transformar el entorno a través del fortalecimiento comunitario con proyectos de intervención en el espacio público para regresar a los vecinos la pasarela peatonal de la antigua Escuela de Primaria Vasco de Quiroga, en el barrio de Tepito. Recuperar esta pasarela implica muchas cosas: el triunfo de la acción sociocultural frente el abandono de las instituciones y la idea de que un primer paso es señal de que sí se pueden cambiar las cosas. Dulce hará unas intervenciones con material biodegradable para que la gente tome conciencia y acción para lograr más metas políticas y haya más cabildeo en la toma de decisiones.

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Por si esto fuera poco, en esta edición de Zona Maco Foto, estará presentando junto a Troconi Letayf -un espacio dedicado a la producción de libros de artista e impresión digital de obra gráfica con artistas nacionales e internacionales, así como un laboratorio experimental y de reflexión sobre las nuevas tendencias y aplicaciones de la imagen, abierto a creadores, galeristas, coleccionistas e interesados en participar en los procesos de producción artística- un libro de artista titulado The Real Story Of Superheroes. Esta será una edición de 20 ejemplares, presentado en una caja-contenedor en cartoné (cartón y tela), con un tamaño final de 51 X 41 cm. El mismo contendrá 1 libro-álbum de 40 páginas con 10 fotos a color impresas (archive quality digital print) sobre papel Bamboo 100% algodón de Hahnemühlle de 290 gramos, a un tamaño de 30 X 40 cm, firmadas y numeradas. El texto de presentación es de Iván Ruíz y contará con un certificado de autenticidad con holograma, firmado por la artista.

 

 

 

 

 

 

 

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Sobre el autor

Vive en una ubicación no revelada y desde ahí trabaja en algunos proyectos
que prefiere mantener en secreto. Escribe para poder sobrevivir el caos y la
nostalgia de su vida diaria. Es maestra en Arte y ahora considera qué tal vez
sea necesario tener otro título para guardarlo en un librero. Le gustan los
perros, ama el cine y la música. Hasta hace poco tiempo entendió que la vida no tiene sentido y desde entonces es muy feliz y vive cada día como si fuera el último. Seguirá escribiendo hasta que las luces se apaguen.

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