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Arte, Cultura

El verdadero arte nos ofrece alejarnos de la pobreza del espíritu, a 100 años de Leonora Carrington

 

La gran pasión que desarrolló por el surrealismo, el rechazo a las normas sociales y el imponerse a los prejuicios de su padre que le proponían un futuro cómodo pero aburrido sin ningún tipo de pasión, es lo que hizo a Leonora Carrington ser el personaje que hoy conocemos.

Convivió con personajes como Joan Miró, André Bretón además de asistir al Café Les Deux Magots donde entraría en contacto con Pablo Picasso y Salvador Dalí, antes de que Francia fuera ocupada. Con tanta riqueza intelectual encontró en las letras una medicina a la realidad que estaba viviendo: la Segunda Guerra Mundial, la reprobación de su relación con Ernst ante su padre y la detención del mismo como enemigo del régimen.

En Europa ante la inminente ocupación nazi en Francia perdió a su gran amor Max Ernst que le brindó las bases del surrealismo: la libre asociación, el collage y la escritura automática; después con la ayuda del escritor Renato Leduc encontraría en México, un lugar que le permitiría ser ella misma.

Una de las obras más oscuras de la pintora que fue hecha poco después de escapar del hospital psiquiátrico por órdenes de su padre.

Su visión cambió tras la pérdida, la desesperanza y la liberación, pero Leduc y el cambio de panorama le inspiró para plasmar la magia revolucionaria que la convertiría en una de las máximas exponentes del surrealismo.

“No tuve tiempo de ser la musa de nadie… Estaba demasiado ocupada rebelándome contra mi familia y aprendiendo a ser una artista”.

¿Qué inspiraba a Leonora? símbolos celtas, la alquimia, el budismo tibetano y relatos de hadas que su nana le contaba de niña, para plasmarlos, de manera onírica en trazos, líneas y pinceladas para recordarnos que podemos vivir en un mundo más allá de la realidad con seres inexistentes y hombres deformes.

Realizada en 1960.

La novia del viento como la llamaba Ernst de cariño es considerada el último eslabón del surrealismo mexicano con el respeto de Picasso, Dalí, Breton, Remedios Varo y Luis Buñuel que entendieron la pasión que emanaba no solamente en su obra pictórica, sino también en cuentos, novelas, y esculturas.

Por ello y para conmemorar cien años de su nacimiento, se encuentra en la Biblioteca de México una muestra integrada por 180 piezas, algunas expuestas por primera ocasión, desde reproducciones de sus cuadros, bocetos para teatro, esculturas, tapices y escritos, entre los cuales están relatos, obras de teatro y novelas.

“Me gustaría deshacerme de las ilusiones. A mí lo que me fascina es tratar de acercarme a lo real, pero no sabemos nada. Y hoy vivo entre el aburrimiento y la vergüenza de pertenecer a un género animal como el ser humano. Por eso me gustaría ser un elefante, pero salvaje, no dejarme de nadie; aunque la tortura continúa, dentro de la poca libertad que logré”.

Esta exhibición ofrece una perspectiva de la artista, en donde aflora su personalidad intensa y naturaleza libre, su defensa por la equidad de género, el interés por los temas fantásticos y las culturas ancestrales además del diálogo con intelectuales de su tiempo y enorme cariño por México.

El compromiso de Carrington fue claro, ser una creadora múltiple y en esta conmemoración se vive desde distintas ópticas lo que representa para la cultura mexicana.

La exhibición, realizada con la curaduría de Gabriel y Daniel Weisz, hijo y nieto de la creadora, y la museografía de Alfonso Zárate, se realiza en celebración a la vida y obra de la destacada artista.

En un mundo definido cada vez más por el consumismo, el verdadero arte nos ofrece alejarnos de esa enfermedad que se llama pobreza del espíritu comentó Weisz.

Tiene sentido realizarla en la Biblioteca de México por el apego que la artista tenía con las letras, además el visitante podrá entrar en contacto con diferentes facetas de la artista y apreciar así sus procesos creativos, que le ayudaron a trascender en momentos críticos de su existencia.

Ícono de una mujer que supo ponerse de pie cada vez que intentaron derribarla.

El montaje aborda la infancia y adolescencia de Leonora en Inglaterra, se pueden ver escritos y dibujos que realizó en esas etapas de vida, sus amigos en París, su encuentro con Max Ernst, copias de cartas de la artista durante la Segunda Guerra Mundial, así como de César Moro, Andre Bretón, Alice Rahon y Benjamin Peret.

De igual manera se documentan: su llegada a México, trabajos como ilustradora, proyectos de fabricación de tapices junto con el fotógrafo Chiki, padre de sus hijos, así como esculturas y objetos surgidos del material de sueños además de visiones que tuvo la artista.

    

CUANDO: Hasta el 9 de julio.

DÓNDE: Biblioteca de México.

HORARIO: De 10.00 a 18.30 hrs.

COSTO: Entrada libre.

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