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En un momento vertiginoso en nuestro país, y en una ciudad como esta, entrevistar a un hombre como Ernesto Contreras otorga un tipo de respiro esperanzador. El gobierno de España a través de su embajada en México, hizo entrega de la Casa Buñuel (cerrada Félix Cuevas #27 Col. Tlacoquemecatl, colonia del Valle) al gobierno de México a través de su Secretaría de Cultura para que funcionara como sede de la Academia Mexicana de Artes y Ciencias Cinematográficas (AMACC). El lugar es tranquilo y amplio. Las paredes son fuertes y se erigen con la memoria de quien un día habitara entre ellas: Luis Buñuel. En esta casa, el director de cine recibió amigos republicanos y exiliados del régimen de Franco; además era el espacio de encuentro para los intelectuales de la época, entre los que se encuentraban Carlos Fuentes, Octavio Paz y muchos más. Aquí se concibió la cinta El ángel exterminador y por sus pasillos caminaron mujeres como Silvia Pinal y María Félix.

Es aquí donde nos recibe Ernesto, con una sonrisa enorme y su estilo desfachatado. Lo observo y me doy cuenta que tiene una personalidad serena, fresca y contemplativa. Sus grandes ojos oscuros miran con detalle, tiene una mirada penetrante, fija. Sin embargo, eso no incomoda, por el contrario, te hace sentir que toda su atención está puesta en su invitado. La casa de Buñuel le queda a la perfección, lo envuelve como a un viejo conocido y lo hace parte de la historia que ahí se escribe. Y eso no sorprende, Ernesto es de los grandes directores del cine mexicano y un digno presidente de la Academia, uno que trae consigo miles de ideas, cambios, propuestas y nuevos aires de comunidad y legalidad. Como lo mencioné al principio, estar junto a él me da una sensación de que todo va a estar bien, inclusive mejor.

Te presentamos intacta la entrevista que tuvimos con Ernesto, entre café, risas, anécdotas y el fantasma de Buñuel, quien seguramente nos observaba curioso de tan extrañas interacciones pero sorprendido porque el México que dejó parece seguir siendo igual de surreal.

Elizabeth Rivera: ¿Cómo te fue en los premios Ariel?
Ernesto Contreras: Muy bien. Fueron los primeros que me tocaron a mí como presidente, y con la novedad de que mi película tenía varias nominaciones. Yo sabía que esto generaría controversia, pero estuve muy tranquilo porque finalmente aquí todo es muy serio y no hay forma de meter mano en nada. Todo el sistema del voto electrónico de la UNAM es muy democrático y secreto. Nadie se entera de nada, ni siquiera yo en mi calidad de presidente. Todo está certificado por un notario público. Sé que al exterior puede verse raro pero no hay forma de que uno tenga injerencia en eso. Mi película ha tenido un recorrido propio y una conexión muy fuerte con el público. Justo para no crear polémica fue que no me inscribí a la categoría de mejor director. De verdad que nunca me imaginé que mi cinta sería la más nominada. Estoy muy contento. Por otra parte, llevar acabo el evento del Ariel es muy importante para mí. Tratamos de hacer algo que no se hubiera hecho antes. Invitamos a participar a cantantes y buscamos que fuera mucho más ágil y atractivo para el público. Una ceremonia más mediática, más visible. Nos interesa que se vuelva una plataforma para los nominados y para las películas. Queremos dar a conocer todos los trabajos cinematográficos que no han contado con demasiada publicidad. Queremos que los invitados que tengamos llamen la atención y que tengan alfombra roja. Además, esta edición fue muy fuerte por todo el tema de los chicos de Guadalajara y el recuerdo del 68.

ER: ¿En qué momento decidiste que el cine era a lo que te querías dedicar?
EC: Desde muy chico. Todo comenzó como un juego con mi hermano. En un principio pensé que sería el teatro mi destino, pues nací en el puerto de Veracruz y en Jalapa se hace mucho teatro universitario. Mis papás no tienen nada que ver con este medio, pero por alguna razón nos comenzaron a llevar a ciclos de cine. Vimos desde El Ciudadano Kane hasta El ángel exterminador. Además, un día vi en televisión un especial sobre cómo se había hecho una película y ahí tuve un tipo de revelación, pues supe que había una figura llamada director de cine y a partir de ese momento la idea se convirtió en una obsesión. Entonces hice un trato con mis padres de permanecer en Veracruz hasta terminar la preparatoria y luego estudiar algo que
pudiera generarme ingresos, así que me decidí por una licenciatura en publicidad. Durante el segundo año de la carrera comencé a trabajar en televisión. Estuve como asistente de producción, como continuista y finalmente de asistente de dirección. Estuve tres años y medio trabajando con Carla Estrada. La primera telenovela que hice con ella fue Cuando llegue el amor. Antes de esa hice Pasión y poder. Era un momento muy importante para este tipo de trabajo, pues México entero veía novelas. Fue muy interesante. Tuve la
oportunidad de asistir también a Miguel Córcega, quien se convirtió en uno de mis más grandes maestros.
Cuando me ofrecieron la dirección de cámaras la rechacé y recordé que había venido a la ciudad a estudiar cine. Así que un día fui a presentar exámenes al Centro Universitario de Estudios Cinematográficos (CUEC). En ese tiempo era muy difícil entrar, sólo aceptaban a 15 estudiantes por año y logré quedar entre ellos. Mi vida cambió completamente. Nunca más regresé a la televisión.

Sueño en otro idioma

Fotografía ©María Tophoff

ER: ¿Qué tan fácil fue para ti entrar al mundo del cine?
EC: Mira, tal vez lo que voy a decir suene petulante, pero para mi no fue nada difícil. Tuve la fortuna que desde mi corto de segundo año, Ondas hertzianas, me fue increíble en festivales. Era un corto en blanco y negro con Miguel Pizarro como protagonista. A mis trabajos escolares les fue muy bien y eso logró que desde muy temprano empezara a preparar mi ópera prima en colaboración con mi hermano quien es guionista. De tal manera que cuando terminé la escuela, mi tesis, Los no invitados, ganaría como mejor cortometraje y al mismo tiempo ya teníamos el guión de Párpados azules prácticamente listo. Si bien no gané el concurso de óperas primas del CUEC, comencé a moverlo mucho y fue un guión con muy buena respuesta que un par de años después estaría filmando. Afortunadamente, fue una película a la cual le fue muy bien en festivales. Estrenamos nacionalmente en Guadalajara e internacionalmente en Cannes, en 2007. Fue mucho trabajo obviamente, pero me considero un afortunado, un privilegiado con mucha suerte que, tal vez por las historias que mi hermano Carlos se ha inventado, he tenido buena estrella y he encontrado el camino correcto.

ER: Cuéntanos más de Párpados azules.
EC: Pues la historia surge a partir de una experiencia de mi hermano. Un día él estaba viendo televisión y vio un spot donde se sorteaba un viaje para dos personas al contestar una trivia. Entonces se preguntó con quién iría a ese viaje si lo ganara. Esa fue la premisa de la película. Una mujer que se gana un viaje y que descubre que no tiene con quien compartirlo. El film nos dio la oportunidad de hablar sobre la soledad, la
comunicación y la posibilidad de conexión entre dos solitarios que quieren pero no saben cómo. Fue un guión que llamó mucho la atención por ser único y distinto. Era como un tipo de anti comedia romántica, un concepto no tan común. Además, la apuesta con Cecilia Suárez y Enrique Arreola fue una ecuación que funcionó muy bien y que hizo que la cinta fuera maravillosa.

ER: Ahora que ya tienes varias películas en tu haber, ¿cómo definirías tu estilo?
EC: Me parece que pensando en mis trabajos desde los cortometrajes, creo que tiene mucho que ver con las relaciones, con la forma en que nos conectamos con el otro, cuando podemos hacerlo e inclusive cuando no. Tiene que ver con la soledad, con la no comunicación pero también con el sexo, con nosotros como seres humanos y con lo que creemos que necesitamos. Eso es lo que, de alguna manera, une a mis cintas. Definitivamente es un tema que me apasiona.

ER: En cuanto a esto, ¿por qué crees que tu última película Sueño en otro idioma ha tenido tal éxito? ¿A qué se debe que sea tan relevante en estos tiempos?
EC: Creo que es por varios factores. En primer lugar, pienso que es un tema que no se ha explorado en la cinematografía en general. Pocas veces nos ponemos a pensar en lo que significa la pérdida de una lengua,
más allá de las palabras, como una forma de conocimiento, de comunicación con nuestro pasado y de entendernos. Todo esto dio pie, en este caso, a hablar de identidad, diversidad, aceptación, amor y perdón. Por otro lado, con todo el conocimiento de lo que ha pasado con el público en México pudimos identificar a otra parte del país que hemos olvidado. Los indígenas están ahí pero no los recordamos y tenemos un gran pendiente con ellos. Ante los momentos terribles del país, ante la situación espantosa de muertos, desaparecidos, jóvenes asesinados, niños sicarios, creo que la película resulta amable y entrañable. A diferencia de la película de mi querido amigo Everardo González, La libertad del diablo, la cual es durísima,
tremenda y genial, con Sueño en otro idioma la gente se topa con otra sensación, una más suave, y eso ha resultado muy atractivo. El público se conmueve con la historia y tiene una experiencia distinta. A eso creo que se debe su éxito.

ER: Cuéntanos un poco más sobre la lengua que usaron en Sueño en otro idioma.
EC: Siempre estuvo en el guión la idea de una lengua a punto de morir. Lo que hacía Carlos al escribirlo era poner texto simulado. Siempre pensé que usaríamos una real, como el zapoteco, pero de pronto me di cuenta que una lengua es algo sagrado, un tesoro. No quería que nadie pensara que estaba usándola para mi beneficio, para mi película. Entonces hablando con el poeta Mardonio Carballo sobre invitar a un lingüista a crear un dialecto, me comentó que él conocía a alguien, a Francisco Javier Félix Valdez. Así fue que me encontré con él y le comenté sobre adaptar alguna lenguaje para que sonará verosímil, a lo que me propuso crear algo desde cero, hacer algo original. Me pidió dos meses para trabajarlo y generó toda un habla. Cuando nos volvimos a ver trajo consigo un manual sobre el Zikril, con vocabulario, reglas, pronunciación. Los cuatro actores tomaron clases con el lingüista. La idea era que se lo aprendieran y lo apropiaran para que al filmar esto no fuera una preocupación. Los actores de mayor edad lo tenían muy dominado y los más jóvenes se apoyaron mucho en ellos.

ER: ¿Cómo se ha transformado tu trabajo, desde tu primera película hasta la última?
EC: Es normal que uno vaya cambiando y madurando, y que los propios intereses también sean otros. Si en un principio era el tema de la soledad lo que me atraía mucho, después tuvo que ver con el sexo como motor y su lugar en lo moral y lo instintivo. Luego, las relaciones obviamente. Para estas alturas, con Sueño en otro idioma, me interesaba contar una historia mucho más abierta, luminosa y más cercana al espectador. Las otras cintas eran más oscuras o agridulces.

ER: ¿Cuál es tu postura frente a la consolidación de las técnicas digitales y de las plataformas de streaming?
EC: Estamos viviendo un momento muy interesante de una revolución audiovisual que nunca nos hubiéramos imaginado y que ha cambiado nuestros hábitos. Estoy convencido de que hay que estar abierto
a absolutamente todo. De ahí también mi decisión de hacer series y vivir el fenómeno digital en toda la extensión de la palabra. Me pasó de ser invitado a un congreso de lingüistas en Inglaterra para que Sueño en otro idioma inaugurara el evento. Una noche antes de la apertura, fui a cenar con los británicos y me preguntaron por México pero les dije que en ese momento estaba viviendo en Colombia por estar filmando
la serie de El Chapo. En ese instante se les olvidó la película y me di cuenta que el fenómeno digital va mucho más rápido que el de un filme. Esta serie en un día entró en 180 países. Los lingüistas ingleses me preguntaban sobre el chapo, el güero Palma y de los Avendaño. Cuento esto porque apoya mi concepto de que hay que estar abierto a todo lo que se va presentando.

párpados azules

Fotografía ©María Tophoff

ER: ¿Cuál es tu mayor objetivo como presidente de la Academia Mexicana de Artes y ciencias Cinematográficas?
EC: Tengo un amplio programa de trabajo pero diría que mis principales objetivos son varios. Primero, formar comunidad, pues parece que la Academia siempre se ha visto como un ente lejano que no se sabe bien qué hace. Mi intención es que nos acerquemos más a las nuevas generaciones y a los colegas. Los premios Ariel son sólo una parte de la Academia, la más visible, pero todo esto tiene que ver con la preservación de nuestro cine. Además, restauramos películas junto con la filmoteca de la UNAM, organizamos ciclos, foros, clases magistrales, laboratorios, conversatorios, talleres. Por otra parte, está la defensa del cine mexicano y su investigación y difusión. Son muchas las cosas en las que tratamos de estar muy activos y presentes, en la medida de nuestras posibilidades y nuestro presupuesto. También buscamos generar un sentido de pertenencia con la comunidad cinematográfica. Lo que más nos gustaría es ser la entidad representativa de todos los que hacemos cine en este país. Este es un espacio único de diálogo y encuentro.

ER: ¿Cuáles crees que son los desafíos que enfrenta el cine mexicano?
EC: Son muchos. Me parece que el gran pendiente que tenemos en este momento es el tema de la exhibición. El año pasado se produjeron 176 películas, de la cuales se estrenaron 88. Lo interesante a conocer son las condiciones en las que se estrenaron. Esto tiene que ver con igualdad de condiciones, con regular y legislar. Yo lo viví en carne propia con mí película. Me tocó ir a un complejo donde estaba exhibida y que el poster no estuviera expuesto. Al cine mexicano se le dan los peores horarios, los complejos más alejados. Siempre he dicho que esto no es en contra de los exhibidores, ni de las películas de superhéroes, se trata simplemente de una competencia justa que en la medida que esté regulada y legislada, le dará al público la verdadera posibilidad de elegir qué ver. Esa es la realidad de nuestro cine. Aspiramos a mejorarla.

ER: ¿Qué sigue para ti?
EC: Estamos en la post producción de Falco, la cual se estrena después del mundial por Amazon. Es una serie policiaca remake de una alemana sobre un policía que despierta de un coma y ve su mundo cambiado.
Viene la tercera temporada de El Chapo, la cual se estrena en un par de meses, y estoy trabajando con mi hermano en una película para el próximo año. En cuanto a la Academia, tenemos mucho trabajo todavía
por hacer.