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Arte, Cultura

José Luis Cuevas. La partida definitiva del hijo pródigo.

Por Jennifer Rosado

José Luis Cuevas vio la luz en la ciudad de México el 26 de febrero de 1934. Fue artista y escritor, crítico e irreverente innato. Una de sus influencias más tempranas y quizá menos explorada fue el contacto directo con destacados personajes que llegaban a México como refugiados de la Guerra Civil española: Enrique Climent, José Bartolí, Ramón Xirau, Luis Rius, León Felipe y Margarita Nelken, entre otros,  nutrieron la mente inquieta del mexicano, y le abrieron ventanas para mirar a distancia el pensamiento europeo. Comenzó a exhibir su obra de forma individual en la galería Prisse, fundada en 1952 –de donde Alvar Carrillo Gil compra la serie “La casa rosa”– y posteriormente en la galería Proteo, activa entre 1954 y 1961.

En la imagen el creador durante una entrevista elm 01 de abril de 1990. FOTO: ARCHIVO/ PEDRO VALTIERRA /CUARTOSCURO.COM

Como artista gráfico exploró varios medios como el dibujo, el grabado, la ilustración, la escultura y la pintura; su formación, esencialmente autodidacta, sin contar su experiencia como alumno irregular de “La Esmeralda” ni su educación con Lola Cueto, le inspiró a tomar distancia del establishment del arte mexicano de la primera mitad del siglo XX, y para la década de 1950 se alineó con la contracorriente artística que retaba el poder de facto que habían cobrado autores como Diego Rivera, David Alfaro Siqueiros y José Clemente Orozco.

Cuando los organizadores del Salón de la Plástica Mexicana de 1954 y 1955 sólo invitaron y premiaron a artistas de la Escuela Mexicana de Pintura, la galería Proteo reaccionó y organizó el llamado Primer Salón de Arte Libre del 17 de marzo al 16 de abril de 1955, con curaduría de Mathias Goeritz –que para entonces ya había fundado El Eco– y con 51 obras de dieciocho artistas, tanto mexicanos como extranjeros: uno de ellos fue José Luis Cuevas. Así nació la generación de la Ruptura, como le llamó la recientemente fallecida Teresa del Conde.

Su carácter irreverente y su facilidad de palabra lo convirtieron en el gran hereje del arte mexicano, y pronto encontró espacios para hacerse escuchar. La entrevista que le hizo la revista Time en agosto de 1954, en la que se burlaba abiertamente de los muralistas, fue sólo el preámbulo de una larga lista de publicaciones que continuó, a través de Carlos Fuentes y Fernando Benítez, en el suplemento cultural del periódico Novedades. Posteriormente también publicó varios artículos en El Universal y en Excélsior.

Autorretrato como Rembrandt, 1962 Litografía papel 55.7 x 40.5 cm. imagen 53.2 x 38.7 cm

Su artículo más destacado se titula La cortina de nopal, de 1958, donde retrata a un joven artista aplastado por un enorme y anquilosado sistema artístico que favorece obras mediocres y desdeña al verdadero talento. Con ese texto había quedado de manifiesto que Cuevas no retrataría ese colorido nacionalismo de la Escuela Mexicana de Pintura, plagado figuras de Cuauhtémoc, ni permitiría que sus locos de “la Castañeda” y sus prostitutas monocromáticas hablaran del régimen posrevolucionario, y mucho menos del socialismo ruso.

Debe destacarse que José Luis Cuevas cobró importancia internacional algunos meses antes de la exposición del Salón de la Plástica Mexicana, el papel que jugó José Gómez Sicre, oficial de Washington, D.C.,  de origen cubano, en la difusión de la obra del joven artista en Norte y Sudamérica resulta innegable, y para 1966 ya contaba con un mercado internacional sólido.

A partir de entonces y hasta su reciente partida, José Luis Cuevas fue el objeto de homenajes, exposiciones, premios y reconocimientos nacionales e internacionales. Su obra es prolífica y sigue viva en los museos y galerías de arte moderno más importantes del mundo.  Se destaca haber sido acreedor al Premio Nacional de Ciencias y Artes en 1981, su distinción como miembro de la Orden de Caballero de las Artes y las Letras, por la República Francesa, en 1991, la inauguración del museo que lleva su nombre, en 1992, y su nombramiento como Creador Emérito del Sistema Nacional de Creadores, en 1993.

Tal vez su herejía contra el muralismo mexicano tuvo como resultado que sólo presentara una gran exposición individual en el Museo del Palacio de Bellas Artes, en 2008, pero el Museo de Arte Moderno mantuvo siempre sus puertas abiertas para este enfant terrible, y su exhibición de 1979, luego de su autoexilio en Europa: “El regreso de otro hijo pródigo”, da título a este texto y sentido a su adiós.

 

Fuentes:

Fulton, Christopher. “José Luis Cuevas and the “New” Latin American Artist”. Anales del Instituto de Investigaciones Estéticas, UNAM.  vol. XXXIV, Núm. 101, 2012.

Garduño, Ana. “Pago en especie: a 55 años de un convenio patrimonializador”. Anales del Instituto de Investigaciones Estéticas, UNAM. vol. XXXIV, Núm. 100, 2012.

Fernández, Justino. “Catálogo de las exposiciones de arte en 1955”. Suplemento de Anales del Instituto de Investigaciones Estéticas, UNAM. Núm. 24, 1956.

http://www.joseluiscuevas.com.mx/

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