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Arte, Cultura

Jose Luis Paredes Cacho. De la caótica cultura underground a la salvaje superficie.

José Luis Paredes Pacho formó parte de la alineación del grupo La Maldita Vecindad y los Hijos del Quinto Patio, entre 1986 y 2003. Además, es historiador por la Escuela Nacional de Antropología e Historia (ENAH). A partir de esta fascinante mezcla de experiencias es que enfocó sus investigaciones en motivo de su tesis de licenciatura, titulada “El derecho a la fiesta. Rock y autogestión en México (1980-1995)”. Es miembro de la Association of Art Museum Directors y posee una Maestría en Historia del Arte por la Facultad de Filosofía y Letras de la UNAM. Destacado promotor cultural, además de periodista, fotógrafo y conferencista, Pacho fue director, del 2005 al 2012, de la Casa del Lago “Juan José Arreola” volviéndola a posicionar como parte del circuito museístico del Bosque de Chapultepec mediante un programa basado en la experimentación.

En 2001, fundó la sección Radical Mestizo del Festival de México, uno de los más importantes festivales culturales no lucrativos de México. Radical Mestizo presentó música étnica, tradicional, world beat, diáspora y electrónica. Algunos de los convocados al festival, y que en algunos casos hicieron sus primeras presentaciones en México en Radical Mestizo son Ojos de Brujo, Diego el Cigala, Sidestepper, Mouss et Hakim, Chano Domínguez, Goran Bregovic, Bomba Estéreo, La 33, Nortec y Seun Kuti, entre otros.

También en 2001, fue asesor del festival Arte01, del Instituto Nacional de Bellas Artes, para recuperar la vitalidad del Centro Cultural del Bosque. Su proyecto Recuperación del espacio público, consistió en programar actividades culturales en los vestíbulos de los teatros y las plazas del Centro Cultural.

Durante diez años publicó una columna semanal en la sección cultural del diario Reforma. Ha colaborado en medios como Nexos, Revista de la Universidad de México y La Jornada Semanal, entre otros.

Desde 2012, es director de Museo Universitario del Chopo.

Durante su gestión en la Casa del Lago, creó el Festival Poesía en Voz Alta, abriendo un espacio a la nueva poesía, y cuyo legado ha tenido su continuidad en el programa de Literatura Expandida del Chopo. Jose Luis ha desarrollado un plan estratégico para fortalecer las características que le dieron al Chopo la importancia que tiene en el país. En el área de artes vivas, creó el Festival del Estruendo Multilingüe de Música Indígena Contemporánea, así como el área de trabajo de literatura expandida y el programa ¿Qué pasa en el barrio?, el cual busca fortalecer ese vínculo histórico que tiene el museo con las colonias y con el espacio público.

El museo surge bajo una reacción natural en la sociedad mexicana en la década de los 80, ya que la grieta contracultural que se había formado en los años 70 tenía una población flotante que estaba a la deriva, sin un lugar en común para congeniar socialmente hablando.

Perteneciente a la UNAM, el Museo del Chopo ha sido el lugar de encuentro de las culturas y las prácticas artísticas que se distancian de las admitidas, otorgándoles un espacio en donde desarrollarse. Durante años, el Chopo ha expandido el campo de las artes visuales, el performance, la música, el arte sonoro, el arte electrónico, el videoarte y otras manifestaciones.

Además, ha sido la plataforma de impulso de talentos, presentando a los creadores más propositivos que han marcado el camino de la cultura en México.

El Chopo también fue el escenario para importantes bandas de rock como Iconoclasta, Botellita de Jerez, Real de Catorce, Haragán, Santa Sabina, Víctimas del Doctor Cerebro, Maldita Vecindad y los Hijos del Quinto Patio, Kenny y los Eléctricos, etc., y foro para cantantes como Betsy Pecanins, Cecilia Toussaint, Rita Guerrero, Regina Orozco, Eugenia León, Iraida Noriega y Lila Downs.

Por si esto fuera poco, el recinto reafirma su naturaleza incluyente al albergar e impulsar el respeto y la participación de las mujeres en la actividad artística y cultural, y la de grupos juveniles marginados del rock, el punk y el grafiti, así como de la comunidad LGBTI, a través del Festival Internacional por la Diversidad Sexual.

La historia del edificio del museo es tan interesante como la trayectoria de su director. La estructura fue el recinto donde fue celebrada la Exposición de Arte e Industria Textil de Düsseldorf, Alemania. A su término, tres de las cuatro salas de exhibición fueron desmontadas y embarcadas para trasladarlas a la Ciudad de México por la Compañía Mexicana de Exposición Permanente, S. A., interesada en realizar exposiciones comerciales de productos industriales y artísticos. Sus piezas, llegaron por tren a la antigua estación de Buenavista, muy cerca del sitio que se había elegido para su construcción.

Su instalación terminó en 1903.

A partir de ese momento se le ha dado varios usos. Fue Museo de Historia Natural, y tras consumarse la autonomía universitaria, en 1929, el edificio pasó a integrar el patrimonio de la UNAM. Las malas condiciones del edificio y el declive de su acervo, ocasionaron el cierre definitivo en el año 1964.

A finales de los años sesenta, el edificio estaba completamente abandonado, por lo que se estudiaron alternativas para definir su destino, una de ellas, desmontarlo y venderlo como chatarra. Por fortuna, surge entonces la Ley de Monumentos Artísticos e Históricos que obligó al INAH a catalogarlo como tal, logrando así que la UNAM lo protegiera.

Fue en el año de 1973, cuando se iniciaron los trabajos de rescate del inmueble. Después de casi dos años, el Museo del Chopo comenzó una nueva historia como espacio dedicado a la difusión cultural.

De forma similar, el comienzo de la trayectoria de Pacho ha sido fundamental para su gestión como director. Al preguntarle cómo fueron sus inicios en el mundo de la cultura, inmediatamente recuerda sus días como integrante de La Maldita Vecindad. José Luis recuerda que el rock fue otra forma de protesta y crítica social, al mismo tiempo que una respuesta creativa e irreverente frente a la intolerancia de una época. “Era una época en la que había un alto grado de iniciativa, de creatividad e imaginación. La idea era ‘o te ayudas tú mismo o nadie va a venir a ayudarte’. Eso hace despegar la imaginación para buscar soluciones e ideas que pudieran parecer irrealizables.”

De esta forma es que Pacho sabe lo que es tener que gestionar proyectos y dar soluciones en lugar de enforcarse en los problemas pues está convencido de que se debe ayudar a los sectores marginados, a las culturas emergentes y heterodoxas, pues representan el ejercicio del libre pensamiento que requieren espacios propios. “Desde que surge Maldita Vecindad, hasta el 2003, toda la cultura vinculada al rock como las artes visuales, el performance, etc., eran marginales o subterráneas, no había instituciones. El Museo del Chopo era de las pocas que programaban estas expresiones subterráneas”, puntualiza.

El Chopo ha sido históricamente un lugar donde se ha desarrollado la experimentación por lo que el programa del museo, desde 2012, ha desarrollado una línea de trabajo en torno a ella.

Con una experiencia de más de 20 años, José Luis no sólo inauguró una nueva gestión, sino que también le inyectó al recinto un poco de su personalidad. Gracias a su fascinante carrera académica, le fue posible llevar a cabo un profundo análisis del perfil y las necesidades del museo. “Lo que hemos hecho desde que llegué a la dirección, es fortalecer el perfil fundacional: el lugar de encuentro entre el arte emergente, las producciones culturales y subterráneas de diversos tipos con el arte y con estrategias de vinculación con el barrio”, afirma Pacho.

El diseño de este esquema es importante para Pacho, quien piensa que no se debe programar en base al gusto personal, por lo tanto, su trabajo previo fue de investigación sobre la historia del museo, su ubicación, la interpretación de la misma y el tipo de manifestaciones culturales que ahí florecieron. De esta formam creó cuatro líneas de trabajo: Subterraneidades y escenas heterodoxas; Dispositivos tecnológicos y economías creativas; Espacio urbano y arquitectura; Espacio, recinto y colección. A partir de ellas es que se desprende la programación del museo, tanto en artes escénicas como en performance, teatro, danza, literatura expandida, exposiciones y en el centro de documentación.

Al llevar a cabo este trabajo, Pacho se percató de que el museo no contaba con una historia documentada extensa, por lo que se dio a la tarea de hacerla crecer a partir de la inclusión de los registros de las escenas culturales marginadas que en él se han albergado. De forma natural, el proceso de documentación generó la Fanzinoteca que pretende llenar el vacío en la colección de este tipo de publicaciones clásicas del underground.

Todo lo anterior deja ver que la labor de Pacho no sólo se limita a dirigir un recinto cultural sino a investigar y reflexionar sobre cómo comunicarse con el público para atraerlo. “Los lugares donde he estado, han sido espacios culturales novedosos que requieren un trabajo de investigación, de reflexión, porque estás programando cosas nuevas y hay que ver cómo lo comunicas para que la gente vaya. Programar cosas nuevas te exige investigar. Programar lo conocido es fácil; para hacer algo novedoso tienes que pensar cómo lo comunicas y en qué contexto, para atraer a la gente indicada.”

No es de extrañar, que con un director de tales características y con un equipo de trabajo altamente calificado, el Museo Universitario del Chopo sea uno de los más importantes del país, y que albergue exposiciones tan interesantes como la de Noches Fieras, la cual te presentamos en este número.

 

 

 

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Sobre el autor

Vive en una ubicación no revelada y desde ahí trabaja en algunos proyectos
que prefiere mantener en secreto. Escribe para poder sobrevivir el caos y la
nostalgia de su vida diaria. Es maestra en Arte y ahora considera qué tal vez
sea necesario tener otro título para guardarlo en un librero. Le gustan los
perros, ama el cine y la música. Hasta hace poco tiempo entendió que la vida no tiene sentido y desde entonces es muy feliz y vive cada día como si fuera el último. Seguirá escribiendo hasta que las luces se apaguen.

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