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Arte

Marina Vargas. Mujer con Cuerpo

Retratos por Nina Turudić

El quehacer artístico siempre ha implicado cientos de retos para todos aquellos que se atreven a cumplir esa vocación. El enfrentarse con el mundo desde lo más profundo del ser, tu propia alma, es un acto que requiere de la capacidad de ser fuerte y estar enfocada ante la realidad de la vulnerabilidad que, se quiera o no, queda abierta, expuesta. Este reto –envuelto en un entorno patriarcal, por más velado que se quiera plantear– será siempre mucho más complicado para una mujer que se muestra, a través de su obra, orgullosa de su feminidad, de su cuerpo y de su existencia.

Marina Vargas es una artista que ha luchado, desde muy chica, contra todas aquellas apuestas cruzadas a las que nos enfrentamos las mujeres, tanto de manera particular como general. Nacida en Granada, España, incursionó desde pequeña en este llamado que es ahora su manera de aportar al mundo un granito de arena, un legado.

Mirna Calzada: ¿Qué fue lo que más te atrajo en el arte, hablando de técnica o contenidos?

Marina Vargas: Pues más allá de la técnica, me atrajo el mundo de la idea. Mientras estudiaba la carrera
tuve un gran profesor de cultura, muy abierto, que nos moldeaba la mente a todos. Nos relacionaba historia del arte con cine, filosofía, y después creábamos las piezas, enfrentándonos a materiales con determinadas ideas preconcebidas. Así, encontrábamos inspiraciones en diferentes autores, como Antonin Artaud, Carlos Castaneda, Georges Bataille, etc.

MC: ¿Cómo se desarrolla tu trabajo, cuáles son tus procesos?

MV: Soy una artista multidisciplinaria, como se suele decir. Cuando tengo una idea, trabajo al servicio de la misma, me convierto en su sirviente. A veces la imagen me cae con tal claridad que tiene que ser así. Y hay obras que en el momento en el que tengo una idea me voy llevando por el proceso. Al final, éste me va a hablando, guiando, y yo voy respetándolo.

MC: Cuando tienes una idea preconcebida, pero el proceso te lleva por otro lado, ¿la idea se transforma o se queda como una futura obra?

MV: No, se transforma. Yo también dejo que la obra me hable. Y descubro, en ese proceso, cosas que me
dice. Entonces también me cuestiono, e incluso, dentro del proceso archivo la idea que tenía.

MC: ¿Hacia dónde ha sido tu aproximación? Es decir ¿cuáles son tus temas?

Foto: Nina Turudić

MV: Hay un poco de todo. Me tira mucho la simbología, lo religioso, no como religión sino como lo sagrado.
La religión no deja de ser un sistema de control y un código de poder. Me interesa porque creo que me gusta concebir el arte como algo que está cargado, que si lo miramos desde lo primitivo, todo tiene una carga sagrada o religiosa, cosmogónica.

MC: Y en una cosmogonía nueva, digamos, que hayas creado a partir de tu trabajo, ¿cuál sería la deidad?

MV: Creo en las potencias. Soy mujer, y para mí la deidad es la mujer. En casi todas las religiones ella es
la castigada, la censurada; el cuerpo de la mujer es lo prohibido. La mujer siempre ha quedado al margen pero es el soporte de toda espiritualidad.

MC: En ese punto, completamente totémico, de la figura femenina como dadora de vida, como origen de todo, ¿qué piensas de su papel en las sociedades patriarcales en las que, desafortunadamente, algunas mujeres siguen siendo parte catalizadora?

MV: Por suerte cada vez estamos más despiertas y en ese sentido alertas. Y sí, es verdad, que todo corresponde a un juego de poderes; muchas veces mujeres que se filtran en ese juego de poder tienen que recibir patrones de ese poder establecido y jugar con ellos. Es como una línea muy frágil porque también contribuyen a ese patriarcado, por miedo a verse señaladas o expulsadas, y continúan criando hombres que siguen ese patrón. Sin embargo, hay que tener cuidado con eso porque tampoco se le puede responsabilizar a la mujer, porque entonces nosotras estaríamos ahora, en esta conversación, cometiendo el mismo patrón
del patriarcado, es decir, culpando otra vez a la mujer. Lo que necesitamos es otra forma de generar un
pensamiento que llegue también a los hombres, que también tengan la seguridad y capacidad de dejar un
espacio para que entren mujeres.

MC: En un tema de género, particularmente, ¿tu obra en qué momento circuncida en una lucha de igualdad
de género?

MV: Pues creo que en el arte todavía no se ha alcanzado una paridad y entonces las mujeres artistas siempre la tenemos más difícil. Te tienes que infiltrar y meter en patrones que tienen que ver con el patriarcado, porque las mujeres todavía no están cien por ciento metidas en el mundo del mercado del arte
y, por ende, tampoco en galerías o ferias. En la calle ya estamos, luchando, generando, pero diaramente por como somos en esencia. Pero yo quiero la calle, el museo, el mercado, quiero todo.

MC: ¿Y cómo ha sido tu trayecto en ese camino de deseo?

MV: Pues una montaña rusa, muy difícil y también bella porque va generando movimiento, también se trata de generar pensamiento y de crear un poco de vínculo y que eso vaya a mucho más, pero es un terreno difícil.

MC: ¿Cómo es tu colaboración con otras mujeres?

MV: En Madrid tengo un colectivo, nos llamamos Logia muy conscientemente porque en estas organizaciones ancestrales no entraban mujeres. Lo configuramos varias artistas y una comisaria. Nos
juntamos y hacemos una suerte de tertulia que genera posibles conversaciones. Invitamos a artistas mujeres
de afuera, escritoras, científicas, etc. También creo que el arte tampoco se puede quedar mirando sólo al ombligo, sino que también tenemos que ver los otros planos que hay. Hay que preocuparnos por las físicas, astrónomas, escritoras, porque también dentro de la cultura las mujeres no están publicadas en los libros. Se estudia a Lorca, a Dalí, a tal, pero no se estudia a María Zambrano que es una mujer increíble y una gran pensadora y no se le han publicado los libros. Todos esos cambios los debemos de tener en cuenta, y tenemos que ser conscientes de ir transformando en todos esos ámbitos. Si movemos eso, con las próximas generaciones que estudien y lean esos libros, estamos creando ya desde el principio, educándolos de otra manera. Son cambios muy grandes los que tenemos que hacer. Hay una carencia tremenda en ese
sentido y eso no se transforma en 24 horas. Pero sí tenemos que ser conscientes y juntarnos, no sólo por sectores, deberíamos colaborar entre todas en procurar que eso cambie.

MC: ¿Qué es para ti la estética y cuál es tu intención sobre ésta en tu obra?

MV: La estética es mirar con el ojo del alma. Es todo. Para mí es como un pensamiento en materia.
Mi intención estética es conmover. Me interesa que la persona o el espectador vibre, crear un paréntesis
al que mira, al que contempla.

MC: Una de tus piezas que me ha llamado mucho la atención es la Piedad Invertida. Me parece que tiene cargas simbólicas, históricas y estéticas muy interesantes…

MV: Hablando de lo sagrado y lo religioso, la Piedad Invertida o la Madre Muerta, habla del tema de
la preocupación, de cómo se le ve a la mujer como un elemento envenenado desde el principio, un elemento cultural que no puede tener cuerpo. Dentro de la Biblia, los santos son no sólo santos por como viven sino también por como mueren y en el caso de María, que concibe sin ser tocada, cuando crucifican a Jesús, su hijo, ella se desmaya y alguien baja del cielo y se la lleva. ¿Qué ocurre aquí? Que no puede tener cuerpo. Entonces me surgió esa idea de que la Piedad es una figura culturalmente tan poderosa que se puede invertir, empoderando al cuerpo de la mujer, de la virgen. Usé muy intencionalmente a Santa Teresa para relacionar la muerte con el éxtasis, para vincularlos. Entonces para mí es una escultura como dedicada a la madre, a la diosa madre en la tierra.

MC: ¿Quiénes crees que sean las agentes de cambio realmente hablando de feminismos en el arte?

MV: Pues yo creo que la agente no es mostrarse como una líder. Yo creo que hay una revolución ahora en este sentido y se está generando un movimiento colectivo que próximamente los museos que solamente tienen piezas hechas por hombres colgadas, van a pasar de moda; también las instituciones pueden tener a cien mujeres colgadas pero su cuerpo de trabajo sigue estando conformado por hombres; las galerías que desdeñan la opinión de la mujer por A, B o C, porque es mujer, porque es joven y que sin embargo las emplean por siempre ser muy buenas secretarias. Es ahí en donde deben de surgir principalmente los agentes de cambio.

MC: ¿Cuál es el futuro que quisieras vivir con respecto a tu producción artística y a tu vida como creadora?

MV: Quiero morirme haciendo obra. Creo que el arte es para el mundo. Mi mayor deseo es llegar a 90 años produciendo, poder seguir haciéndolo, con ese compromiso de hacer un cambio aunque sea mínimo. El arte no cambia el mundo, yo no puedo cambiar el mundo, pero pequeñas transformaciones van en hilo, y para mí, llegar al final de mi vida con esa constancia, tratando de generar transformaciones de pensamiento, evolucionando y compartiendo mis aprendizajes.

Marina trabaja para encontrar un sentido estético a las controversias, por hallar en el universo una coyuntura espiritual y mostrarla tal cual, sin regionalismos, creencias preestablecidas ni ataduras de crianzas arbitrarias. Ella propone una concepción real de belleza balanceada, en la cual la figura femenina se encuentra en el mismo sitio que la de un hombre, buscando reconceptualizar las percepciones de todas aquellas imágenes desdeñadas por su género. Y desde ese lugar, apabulla con su trabajo plástico a cualquiera que siquiera pretenda no empatizar.

Mirna Calzada

Sobre el autor

The Boss.

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