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Arte, Cine

Maripaz Robles. Inventora de Rostros

Retratos por Rubén Márquez

Poder descubrir entre tus pasiones, una vocación, es algo que no todo el mundo ha tenido el privilegio
de vivir. Y el poder hacerlo de manera natural, sin duda es algo fenomenal, en todo el sentido de la palabra. El construir personalidades a partir de lo visual, de la estética, sabiendo que cada mal rayón te va a enseñar
nuevos caminos de profundización, es una gran labor que, a veces, es obviada. Y entre estas encomiendas tan importantes, fundamentales diría, de cada producción cinematográfica, sin duda, el diseño de maquillaje y peinado es el elemento que consolida a cada personaje.

Foto: Rubén Márquez

Maripaz Robles es una de las protagonistas más importantes de la industria cinematográfica mexicana en este momento. Con más de 20 años de experiencia, ha tenido oportunidades como la de trabajar con Peter Greenaway o con las hermanas Wachowski. Ha sido nominada en varias ocasiones para diferentes premios y es poseedora de un Premio Ariel por su espectacular desempeño en la cinta Cantinflas. Y esta trayectoria es, sin duda, digna de ser explorada.

Mirna Calzada: ¿Cuándo surge en ti el interés, no sólo por la belleza, la estética y el maquillaje, sino por
convertirlo en un tema visual público, un juego de imagen?

Maripaz Robles: La cosa del maquillaje fue un poquito accidental. Desde que era chavita me encantaba pintar, dibujar, quería ser escultora, estudiar artes plásticas, pero cuando crecí, presentaba exámenes para
ingresar en estas escuelas y no me quedaba. Y para pagarme todo eso hacía trabajos de maquillaje, hasta que un día dije: “a ver, ya basta, la vida me lo esta diciendo a gritos, tengo que ser maquillista”. Fue cuando le
encontré el verdadero cariño y entendí que, de alguna manera, esto es arte también.

MC: ¿En qué momento consideras que dio inicio formalmente tu carrera como maquillista?

MPR: Como a los 16 años me fui a Los Ángeles con una amiga que vivía allá. Me tomé un autobús “pollerísimo” que se iba parando en cada pueblo, y tardé dos o tres días para llegar. Una vez ahí trabajé
de todo, hasta que un día vi en un periódico que unos fotógrafos necesitaban maquillista. Y pensé que lo peor que me podía pasar es que dijeran: “ay no, muchas gracias, vete a tu casa”. Fui y me quedé a trabajar con ellos. Eran fotógrafos de moda, hacían shootings para revistas, mucha editorial y books para actores y modelos. Ellos me ayudaron a conseguir una beca en una escuela de maquillaje allá. Entonces me quedé tres años estudiando y para pagarme eso trabajaba de niñera. Después, regresé a México y entré a estudiar en la Escuela de Cerámica de Bellas Artes y mientras cursaba la carrera hacia chambitas de
maquillaje. Un día me llamó una amiga que hace vestuario para cine y me dijo que acababa de renunciar el maquillista de una película que iba a empezar, Ciudad que se Escapa, de Rodrigo García Sáez, y que si estaba interesada. Fui, la hice, y de ahí, ya nunca paré.

Foto: Rubén Márquez

MC: Al inicio de tu carrera ya cinematográfica, ¿qué es lo que comienza a moverte? ¿Qué tipo de películas te interesaban?

MPR: Cuando yo empece a maquillar se filmaba muy poquito en México. Entonces agarrabas lo que fuera, una película o un cortito… porque no se hacía casi nada . Para lo que me llamaran, ahí estaba. Hoy en día se está filmando muchísimo y ya me puedo dar el lujo de escoger los proyectos que me gustan. Estoy haciendo entre cuatro y seis películas al año, que es mucho, y la verdad soy de esas privilegiadas que pueden escoger.

MC: ¿Qué es lo que te mueve a ti para escoger un proyecto

MPR: Lo primero es que el proyecto me guste, que el guion esté padre, sea interesante. Pero que también tenga chance de hacer cosas interesantes en mi trabajo, que pueda proponer, que me den la libertad de poder crear a los personajes. En México los directores y productores son, de repente, muy miedosos. A veces te aparece un súper proyecto, tu llegas con una carpeta de propuestas y se sacan de onda y te acaban diciendo que no, que mejor dejen a la actriz con su pelo o sus dientes, etc. He dejado proyectos por esa razón, aunque hubieran estado increíbles, si no te dan la libertad de explorar tu trabajo, al final no sirve.

MC: Cuéntame sobre tu incursión en las series, tanto en las plataformas digitales como en los canales.

MPR: He hecho cuatro series y la primera temporada de Sense8. Las dos primeras que hice, la verdad, ni siquiera las terminé, renuncié porque me parecieron horrorosas. La manera de trabajar de las series largas es terrible porque no cuidan nada, no les importa. A mí me gusta cuidar a mis personajes. Con Ernesto Contreras hice la que yo considero mi primera serie, Falco. Fue muy divertido hacer a los muertos, las heridas y todo eso. Además, trabajar con Ernesto es una pasada, un lujo. Él es un súper director, un tipazo y yo lo amo. La segunda serie la hice apenas a finales del año pasado y sale al aire en mayo. Se llama Sitiados y es una tercera temporada de dos que ya se hicieron, una en Chile y la otra en Colombia. Está basada en un hecho real, es la historia de un pirata que se llamó Lorenzillo. En Sense8 hice nada más la parte de México. Fue increíble trabajar con las Wachowski, son directoras muy padres, muy clavadas e involucradas.

MC: ¿Hasta dónde te gustaría llegar en un tema estético o de exploración a cierto concepto?

MPR: Me encantaría hacer algo de ciencia ficción muy grande. También me encantaría dar clases, pues creo que es importantísimo para formar a las futuras generaciones. En cuanto a conceptos, yo trato de crear personajes. Aquí es muy difícil porque entre el actor y los directores, no te dejan. Con las actrices es un problema, siempre se quieren ver bonitas, no se dejan hacer nada. Son muy pocas las que se arriesgan. Y los directores les tienen miedo a los actores. Entonces, tú les presentas una carpeta de diseños padrísimos, pelucas, cambiarles el color de pelo, la dentadura, lo que sea, y si al actor no le gusta, va para atrás. Entiendo que es un trabajo de equipo y tienes que conceder cosas, como que el actor te diga que preferiría no llevar dentadura porque es incómoda o cosas así, pero esa no es la razón sino porque quieren lucir guapos. Por eso siempre ves a todos igualitos.

MC: Cuéntame de Cantinflas, ¿cómo fue la experiencia de hacerla? ¿qué significó para tu carrera, el ser
nominda y ganar el premio Ariel? ¿Qué representa realmente y qué te trajo el ganarlo?

MPR: Cantinflas fue un reto muy divertido de hacer, porque teníamos que recrear muchos personajes famosos de la época, así que fue una chambota de investigación, de estar viendo fotos, crear peinados, mucha peluquería, y fue muy divertido. Esta fue una producción grande. Tratamos de que los personajes se vieran lo más parecidos posible, porque luego los actores no se parecen tanto. Lo que sí es bien padre es que en cosas de época los actores sí se dejan hacer todo, ahí sí no chistan ni tantito. Entonces fue muy padre por eso, porque llegaban y se sentaban y no decían nada. Les poníamos la peluca, el postizo,
lo que fuera y todos se iban felices. Fue un trabajo bien divertido de hacer. El Ariel fue importante para mí. Yo
me lo gané, la verdad no lo esperaba, fue sorpresa. Si me preguntas en qué ha servido, yo creo que lo triste de los Premios Ariel es que no van a ningún lado. Puedes ganar un Ariel, o diez, y sigues ganando lo mismo, haciendo o compitiendo contra la misma gente. Me ha tocado ir a entrevistas de trabajo y veo salir antes que yo a la chava que tiene dos películas; yo tengo un Ariel, 60 películas, y lo peor es que a veces se lo dan a la chava, aunque les cobres lo mismo. Luego hasta te enteras que personas que están emepezando cobran
más que tú. El Ariel no es un premio que cambie tu carrera para nada. Ni te lo reconocen más, ni pagan mejor, ni te ofrecen mejores proyectos. Nada. Pero para una sí es muy padre que reconozcan tu trabajo, te da mucha confianza porque además las votaciones sí son por parte de gente del medio, entonces
qué bien que los compañeros reconozcan tu trabajo.

MC: ¿Cómo ves el cine mexicano actual? ¿Qué genera hacia tu disciplina y cuáles son las posibilidades del
cine mexicano?

MPR: Creo que el cine está ahorita en un súper buen momento. Se está filmando un montón, entre 140 y 170 películas al año, más o menos. Se está haciendo todo tipo de cine para todo tipo de espectador, desde las súper cultas hasta las más poperas. Creo que dentro de eso hay muchas propuestas para mi área, maquillaje y peinados. Hay muchos proyectos bien interesantes, pero creo que la gente se tiene que preparar más. También los productores deben ser más exigentes con la gente que contratan, porque por lo mismo que se
está filmando tanto ya sobran maquillistas que no tienen idea de nada.

MC: ¿Cómo ves el papel de la mujer en el cine mexicano, particularmente en tu área? ¿Hay un castigo salarial por tema de género?

MPR: No, fíjate que no. Siento que en general en el cine las oportunidades son iguales para todos y también creo que a veces las mujeres solas somos las que nos metemos la pata, no entre nosotras, sino una misma. Ahorita, por ejemplo, hay una cosa del Sindicato de Directores de México, que están buscando cambiar la jugada a los directores viejitos, que quieren seguir manejando el cine como se manejaba antes. Una vez al mes hacen reuniones de directores y se juntan todos. Es muy triste ver que las mujeres no van. Están
invitadas y convocadas todas, y no van, no les interesa. Lo que sí creo es que en el medio del cine, las mujeres pueden ganar hasta más que un hombre en cualquier departamento. Y en el mío, si maquillas bien,
no importa si eres hombre o mujer.

Y dejando muy en claro que el trabajo se consigue con tenacidad, esfuerzo y mucha dedicación, Maripaz continuará sorprendiéndonos con la creación de estos seres, ordinarios o extraordinarios, que en cada trabajo realizado nos introduce y nos hace sentir que estamos ahí, en ese espacio y tiempo, y que cada personaje tiene una realidad de existencia, aunque sea efímera, temporal, que logra permanecer en nuestra memoria.

Mirna Calzada

Sobre el autor

The Boss.

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