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Cuando hablamos de arte contemporáneo y sus múltiples formas, brazos y ramificaciones, sin duda una de las que mayor inquietud provoca es la del concepto de las galerías como medio de alcance para el artista para colocarse en el mapa internacional. Es una realidad que aunque son parte primordial para la globalización de la obra siempre han sido vistas como una especie de antagónico, malhechor que sangra las capacidades del creador, e inclusive a veces la coarta, para obtener beneficios mercantiles necesarios.

Y no es una percepción enteramente falsa en algunos casos, sin embargo, existen algunas que pretenden llegar más allá, dar ese paso sinérgico que permita que ambas partes sobrevivan pero con una función alejada de la esencial económica, sino también de promoción y culturización que se extiende a todos sus puntos cardinales.

Nina Turudić

Dentro de este círculo los actores son varios, y encontrarse con un personaje comprometido con el todo desde la posición dirigente de un espacio artístico como la galería es un verdadero privilegio, una bocanada de aire fresco. Este es precisamente el caso de Nina Turudić, directora de la galería Estéreo en CDMX.

De origen croata, Turudić tiene estudios de ciencias políticas e historia del arte por la Universidad de Cornell, en Nueva York. Su interés por el arte surgió ahí, incursionando rápidamente en el circuito de
galerías de ese lugar, y colocándose casi instantáneamente en Estéreo (antes GE Galería), en su sede neoyorquina.

Mirna Calzada: ¿Cómo surgió en ti el interés en el arte?

Nina Turudić: Creo que me interesé en él porque era muy numinoso, pero muy real. No puedes negar su existencia, pero tampoco puedes precisarla. El arte toca eso sublime que no estás seguro de si está realmente allí, pero todo apunta a que sí. Es como la materia oscura en la física, el átomo en la química o el
universo en la astronomía: solo podemos asumir que están ahí. El arte mostraba más de una dimensión
posible. No sólo involucraba a la cultura y a la política, sino que iba mucho más allá, más profundo que eso, no sólo de manera superficial. En general, explicaba el mundo de una mejor manera. Se convirtió en un
punto de convergencia para todos mis intereses al mismo tiempo, a través de la sutileza. Cuando te acercas al arte hay algo que trabaja dentro de ti y lo trae a la superficie. En mi opinión, todo el arte está definitivamente influenciado por el contexto o la historia: si no exploras los tiempos en los que vives, no eres realmente artista. Personalmente, me alejé del arte político porque la mayor parte del tiempo es muy frustrante. Creo que estamos librando batallas que ya se han combatido antes; hemos escrito todo sobre política, paz y humanidad, y sabemos qué se supone que es lo que debería estar sucediendo, pero no pasa. No entiendo por qué seguimos luchando por los derechos de los homosexuales o el feminismo
en el arte, cuando se supone que eso había sucedió en los años 70. Para mí, a estas alturas, tenemos que estar dando pasos hacia adelante.

Jesús Zurita. El Mecanismo de Todos los Espejos. 2017. 200 x 300 cm. Acrílico sobre lienzo.

MC: Terminando tus estudios te integraste de inmediato al equipo de GE Galería. ¿Cuál fue el reto que
implicó para ti?

NT: Lo que yo quería traer a la mesa era mucho mayor contenido y sentido, entendiendo el significado puro del arte, alejarnos del diseño y encontrar el punto entre lo que los coleccionistas querían ver y lo que nosotros queríamos decir. Quería mover la perspectiva y que se dejara de ver el arte desde los ojos del cliente para poder percibirlo a través de los ojos de un curador o de alguien ávido de saber y entender más.

MC: Pero, normalmente, las galerías no proponen contenidos, sino que funcionan solo como un escaparate
para vender arte…

NT: La forma de las galerías ya no es la misma de antes, cuando había un dealer a quien le importaba poco o nada lo que estaba pasando; su misión era vender las piezas. Eso para mí ya no tiene sentido. Está muy atrasado el concepto de “paredes blancas, vino blanco y gente blanca”, y es justo en eso en lo que quiero trabajar y, finalmente, poder cambiarlo. Creo que ahora las galerías deben funcionar como pequeñas instituciones, no como tiendas, y la realidad es que son una plataforma en la que puedes expresar algo y puede ser llevado a otro nivel, muy lejano de lo que es ahora. Ya no se trata de tener piezas colgando de las paredes y crear una especie de ambiente totalitario; no debe ser estático, sino dinámico.

Santiago Ydañez. Sin Título. 2009. Acrílico sobre papel. 100 x 70 cm.

MC: ¿Qué características son las que te llaman la atención en un artista?

NT: Que sean personalidades en sí, que no tengan que decirte que son artistas, que no tengan la necesidad de imponerte la idea porque es muy obvio que lo son. No creo que la unión entre nuestros artistas sea un tema o medio en particular, sino algo que se podría describir casi como una chispa
de inspiración, de cuando vea a alguien hacer algo nuevo o que ve las cosas desde una perspectiva diferente. Puede ser desde cualquier área, ya sea material o de pensamiento, pero se trata de que haya algo; es difícil precisarlo como una incidencia en particular pero debe existir y ser casi indescriptible. Algunas cosas no pueden ser explicadas en palabras, solo pueden ser sentidas. Los artistas deben mostrarse instintivos, que trabajen desde las entrañas, que al ver su trabajo se vea que viene desde
el interior, desde el alma, y no necesariamente solo desde la mente.

MC: Estéreo surgió en Monterrey y después en Nueva York. Ahora están también en CDMX, ¿qué significa esta nueva locación para ustedes?

NT: Creo que es un mercado perfecto para nosotros. Me gusta estar en un lugar en donde el arte no sea
“latinoamericano” como una etiqueta, sino sólo contemporáneo. Es importante entender la inclusividad
en todos los ámbitos. La Ciudad de México es mucho más abierta y vibrante, y creo que puede ser muy fructífero para nuestros artistas.

MC: Este año a ZsONA MACO llevarán un proyecto curatorial a su booth, lo cual es importantísimo para una modernización del concepto de galería, y más en una feria de arte, en las que los espacios siempre funcionan como un pastiche de piezas de los diferentes artistas que tienen a la venta, pero en realidad las obras no hacen sentido en conjunto. ¿Me puedes contar un poco de este proyecto?

NT: El proyecto se llama Plata Quemada, es una curaduría de Omar Pascual Castillo, y es una especie de homenaje a la platería en México. Tendremos a los artistas que se referirán a esta tradición desde tres
diferentes perspectivas, la platería mexicana, el barroco y neo barroco, y la contemporánea, que referencia
a una era post industrial. La idea es tener diferentes piezas de nuestros artistas seleccionados, en diferentes técnicas y formatos. Creo que así deberían ser siempre las ferias de arte y es algo en lo que he estado insistiendo desde el principio. Es importante tener una historia completa que acople toda una idea que quieras expresar. Para que la feria sea de arte debe haber un concepto, de lo contrario sólo es diseño.

Marina Vargas. Venus Esquilina o Arcana. 2015. 162 x 93 x 60 cm. Espuma de poliestireno, resina de poliester, polvo de mármol y pintura esmalte.

MC: Eres una mujer viviendo en un país, qué diga, mundo, lleno aún de machismo y de no igualdad de género. ¿Qué ha implicado esto para ti?

NT: Mis espirales de pensamiento sobre la rudeza se aclararon cuando entendí un poco mejor el patriarcado y de qué trata esta lucha. A pesar de que me frustra, y aunque creo que las cosas están tan claras como el día y no deberíamos luchar más, también veo que es un problema más profundo que el tema de la igualdad salarial, y que el patriarcado tiene muchos tentáculos que no son fáciles de diseccionar. Creo que las mujeres necesitamos saber más sobre quiénes somos y qué significa tener esta energía femenina, tan fuerte, que amenaza a todo el sistema. La sexualidad de la mujer es demasiado salvaje, incontrolable, intensa y cruda para el patriarcado. Las mujeres antes de mí establecieron esa base de lo que significa ser una. Y no tengo la intención de desperdiciar todo el arduo trabajo que hicieron y se me presentó.

Nina es una mujer llena de energía, opinionada y con una visión permeada por las múltiples perspectivas que cada lugar en los que ha vivido le ha dejado. Digamos que su historia es una composición de diferentes momentos determinantes que han ido delineando un pensamiento multicultural incluyente, teniendo la necesidad de encontrar nuevos caminos en las formas existentes, así como ser capaz de trazar una nueva manera de ser mujer en un mundo aún patriarcal, de poder dedicarse al arte sin ser controlada o moderada, y crear un sendero nuevo, aun transitando el que ya ha sido labrado previamente.

Con fuertes convicciones y un vasto interés en muchos tópicos diferentes, Turudić tiene una obligación para sí misma de poder materializar ideales que, aunque ya han sido explorados, deben ser parte fundamental
de la nueva narrativa de la realidad. Fascinada por las profundidades de la existencia, su búsqueda va más allá, sobrepasando líneas determinadas previamente y entendiéndose como un ser compuesto de todo, cada uno de los factores universales invisibles, que hacen de los seres humanos entes de belleza, de estética, en cada una de sus condiciones crudas. Y es así como deben ser las nuevas aproximaciones al arte, y a la vida en general.