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Aguascalientes es uno de los más bellos tesoros coloniales enclavados en México. Recorrer sus calles, empaparse de su cultura, disfrutar su gastronomía, ser parte de sus ferias, son actividades que todo viajero debe experimentar alguna vez en su vida. Pero este singular estado también presencia un resurgimiento, el de retornar su papel preponderante en el mapa vitivinícola mexicano, colocándose en el foco de los amantes y entusiastas del vino. Y si alguien puede presumir el haber superado la crisis y hoy estar en un camino de reinvención constante, es Valle Redondo.

La historia presume que por los años cincuenta, Aguascalientes gozaba de gran popularidad entre los territorios donde se cultivaba vid, lo que se veía reflejado en la celebración de grandes vendimias. Pero un cambio en las percepciones llevó al estado por el camino de la producción de brandy y aguardiente, dejando a un lado al vino. Sin embargo, con el pasar de los años hubieron quienes nunca desistieron en revivir esta práctica aprovechando las bondades del suelo hidrocálido de Aguascalientes, con la firme convicción de volver a colocar al estado entre los grandes productores de vino mexicano. Siendo este el especial caso de los artífices tras Valle Redondo.

Fundado en 1964 por el hijo de inmigrantes italianos, Luis Ferruccio Cetto, Valle Redondo originalmente se encontraba en Baja California pero fue trasladado a Aguascalientes en la década de los setenta, debido a que en aquel entonces se consideraba al estado una preeminente zona vitivinícola. Con el amor por el vino intrínseco en las venas –pues el móvil de sus padres fue establecerse en un lugar donde cultivar uva lejos de los estragos de la Segunda Guerra Mundial– Luis Ferruccio Cetto estableció entonces el objetivo de producir los mejores vinos al tiempo que contribuir al desarrollo de la región. Misión que con el paso de las generaciones continúa siendo fundamental para la empresa, que actualmente es liderada por Alejandro Cetto como director general.

Vinos mexicanos para consumidores mexicanos

El mundo del vino es fascinante, y sumergirse en él, aún más. Sin embargo, por largo tiempo se ha entendido el acceder a esta bebida como una actividad que sólo pocos pueden apreciar; ya sea porque le han concedido ciertos aires clasistas o porque se ha creído que su complejidad es tal que escapa al entendimiento común. Ante ambas corrientes -poco convenientes para incentivar el consumo de este exquisita bebida- resalta la filosofía que Valle Redondo ha constituido como estandarte de su línea de vinos, Cu4tro Soles: hacer del vino un fenómeno democrático.

La gama de etiquetas de Cu4tro Soles sigue esta premisa y se compone de seis elementales pero propositivas presentaciones creadas para satisfacer todos los gustos; desde paladares refinados hasta neófitos. Todas ellas pensadas para armonizar con los platillos que componen la variada y exquisita gastronomía mexicana, o simplemente disfrutar de una buena copa en solitario.

Así, las 700 hectáreas de viñedos de que se compone Valle Redondo ofrecen variedades de uva Salvador, Rubi Red, Carignan, y Chenin Blanc, lo que deriva en la producción de los siguientes vinos:

  • Afrutado: semi dulce, pensado para conquistar el paladar mexicano.
  • Cabernet Sauvignon: con aromas a frutos rojos, de gran estructura, taninos suaves y persistencia en boca.
  • Merlot: para degustarse en cualquier ocasión gracias a sus taninos suaves y gusto frutal.
  • Blanc de Zinfandel: sus notas a frutas lo convierte en un vino fresco y ligero.
  • Roble: de mayor complejidad, se trata de un varietal Cabernet Sauvignon con seis meses en barrica, lo que le asegura un color rojo intenso profundo y aromas a vainilla, chocolate amargo, cerezas negras y pasas.
  • Syrah: su paso por barrica de roble le da un color intenso, buen cuerpo y garantiza olores a ciruela, higos y madera.
  • Espumoso: de las más recientes introducciones, es un tinto afrutado con cuerpo ligero y persistencia media.

“Tratamos de hacer vinos a buen precio y con buena calidad para los mexicanos. Tenemos una gama espectacular de Cu4tro Soles, y acabamos de lanzar al mercado un vino espumoso muy rico. También producimos afrutados, varietales, tintos y blancos. Pensamos algún día ser los número uno en México. Nuestro objetivo es producir un vino accesible para que los mexicanos puedan consumirlo día a día”, destaca Alejandro Cetto.

Pero los esfuerzos de Valle Redondo, especialmente a través de su línea Cu4tro Soles, van más allá de ofrecer al consumidor esta variedad de etiquetas. Ya en 2016 realizaron un primer ejercicio en el marco de la famosa Feria Nacional de San Marcos donde organizaron la Cata más grande del Mundo reuniendo a 9,000 personas que degustaron su Cu4tro Soles Syrah guiados por el enólogo-viticultor mexicano, Jesús Díez.

 

Más recientemente, y por primera ocasión, Valle Redondo celebró su vendimia en un evento abierto al público, donde los asistentes disfrutaron de un exquisito banquete armonizado con vino blanco afrutado, Cabernet Sauvignon y Merlot –a elección del comensal–, un espectáculo de flamenco, de juegos tradicionales mexicanos a la par que personalizaron botellas de vino Cabernet Sauvignon y Merlot. Consolidando así su compromiso por acercar al consumidor a una cultura del vino de una forma placentera y sin pretensiones.

Todos ganan

Ejercicios como el impulsado por Valle Redondo resultan primordiales para Aguascalientes, y México en general, desde múltiples frentes, pues se beneficia el plano económico porque hay una creciente producción, lo que a la vez repercute a nivel local al incentivar las buenas prácticas del campo. Además, se perfecciona la producción de vino mexicano, dando paso a la investigación, y por ende, se incrementa la oferta de mejores productos no sólo a nivel nacional sino internacional. Finalmente, se impulsa el consumo de vino al interior del país, en especial por tratarse de vinos fáciles de entender y amigables para paladares inexpertos, pero interesantes y balanceados para los conocedores. La lista es larga para beneplácito de la viticultura mexicana.

Valle Redondo es un ejemplo del compromiso de productores mexicanos por enaltecer la producción de vino en México, y a la vez son un reflejo de la relevancia que esta misma bebida tiene –y cada vez con mayor fuerza– para la sociedad mexicana.