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Arte, Cultura

Yvonne Venegas. La profunda mirada de la vulnerabilidad.

Yvonne Venegas

Hace poco escribí un artículo sobre Nahui Olin y la exposición La Mirada Infinita. Durante ese trabajo pude observar nuevamente los ojos salvajes y tempestuosos de Carmen Mondragón. Una mirada que definió su trabajo y vida.

Para poder encontrarme con Yvonne Vengas, antes me dispuse a revisar una vez más su trabajo. En ese transcurso, me topé con un retrato suyo que hizo que me detuviera a observarla. Ahí está ella, como una niña jugando a ser grande, con un cigarro en la boca y su cámara colgando del cuello. Una imagen en blanco y negro que la muestra de una forma tan bella que es difícil no conmoverse. Su mirada me recordó a los ojos de Nahui pero desde otra naturaleza, una de ojos melancólicos enmarcados por largas pestañas y cejas rebeldes. En ese momento, en ese instante capturado, está reflejada la belleza de la vulnerabilidad. Un momento tan íntimo que no pude dejar de sentirme una intrusa de su mundo. Sentí un poco de vergüenza al observarla tan fijamente pero al mismo tiempo, agradecida por el permiso que su trabajo me ofrecía para dar rienda suelta a mi lado más voyeur.

Autorretrato, 1994.

Casi toda la obra de Yvonne tiene implícito el concepto de la huella. Según Philippe Dubois “los índex son símbolos que mantienen, o han mantenido en un momento dado del tiempo, con su referente (su causa), una relación de conexión real, de continuidad física, de co-presencia inmediata. Es el signo que le otorga significado al objeto que está en conexión real con la fotografía. Así, el humo señala el fuego. A partir de que el índex se define como una huella de un objeto real, que ha estado ahí en un momento determinado, se hace evidente que esta marca indicial, en su principio única, nos remite a un sólo referente, el suyo. La huella fotográfica es singular, tan singular como su referente.”

En este sentido, el trabajo de Yvonne es fascinante pues hace exactamente lo que la huella de Dubois propone: singulariza la imagen. Es decir, lo que su fotografía reproduce no tiene lugar más de una vez y jamás podrá repetirse existencialmente, y que la foto pueda replicarse, no cambia en nada esto. Así, sus imágenes captan momentos exactos de una realidad irrepetible, lo cual los hace valiosos en cuanto que con su talento logra retratar sentimientos que parecen querer permanecer escondidos.

Al entrevistarla, pude observar su gran calidez, su personalidad sincera y abierta. Su risa es contagiosa, su pasión visible. Pero hay algo en ella de vertiginoso. Tenerla frente a mi fue un acto de huella fotográfica en el cual sentí que la Yvonne de carne y hueso que me hablaba era en realidad el índex del retrato que tanto me fascinó. Aquella imagen, con su naturaleza de corte espectral me era más real que la Yvonne que me recibió en su hogar. Este fascinante acto de desdoblamiento sólo puede lograrse cuando la artista logra su trabajo de manera excepcional.

Por supuesto, hablar con ella me regresó al mundo de lo vivo. Su energía, inquietud y amor por lo que hace es palpable, y de eso, no hay huella posible. Yvonne es tan real como aquello que retrata.

Elizabeth Rivera: ¿Recuerdas el momento en que supiste que la fotografía era tu camino?

Yvonne Venegas: Sí, fue algo especial. Yo estaba muy chica y empecé a tomar fotos durante el comienzo de la preparatoria. Mi papá es fotógrafo y él me pasó una cámara cuando entré a la prepa. Ahí tomé fotos para sociales. ¡Era muy divertido! Para mí tenía sentido usar la cámara para relacionarme con la gente. Yo siempre fui muy sociable, así que la cámara era una extensión y otra posibilidad para conocer gente. Sin embargo, esto todavía no lo tenía considerado. Me gustaba mucho dibujar. Fue como a los 16 años que mi hermana y yo vimos anunciado un cartel para un concurso de fotografía enfocado en el tema de la niñez. Buscamos niños, tomamos fotos y ella me ayudó. Cuando vi las imágenes me pareció muy divertido, me gustó. A partir de entonces, decidimos hacer unos retratos de mi hermana. Ahí empecé a experimentar por primera vez. Al ver lo que había hecho, para mí fue una revelación. Ese fue el momento en que me decidí por la fotografía. Me dediqué a estudiarla.

ER: ¿Tus estudios sobre fotografía continuaron en Estados Unidos?

YV: Sí. Estuve haciendo algunas cosas semi informales en California y en la Ciudad de México. Tomé talleres en el Centro de la Imagen. En 1998 me fui a Nueva York he hice un año de estudios en el International Center of Photography. Después me quedé 3 años allá trabajando con una fotógrafa. Luego fui a San Diego, terminé la licenciatura e hice una maestría en artes visuales en UCSD. Una especialización en artes visuales me ayudó mucho en mi trabajo pues quería dedicarme más a mis proyectos.

Catalina
Catalina, 2014.

ER: La maestría le dio forma a tu carrera de fotógrafa.

YV: Sí, siento que tenía un pendiente con los estudios pues estoy convencida de que te dan algo más que solamente la práctica. En efecto, siento que el discurso de la obra se vuelve más conciso, más contundente. Mi proyecto de tesis fue el primer libro que publiqué titulado “María Elvia de Hank”. El poder trabajarlo con un grupo de artistas, escuchar sus opiniones, fue muy importante. Yo iba a Tijuana, tomaba las fotos y volvía a San Diego a la maestría, donde las discutíamos con mis compañeros y mi asesora de tesis.

ER: ¿Qué en particular te hace amar la fotografía?

YV: La gente. Yo más que amar la fotografía, amo a la gente. Siempre ha sido así. Desde el primer momento en que usé una cámara fue para relacionarme con las personas y una manera de descubrir distintas etapas de ellos, diferentes posibilidades. Además, siento que la fotografía es una forma de comunicar. La miro desde distintos ángulos, no solamente tomo fotos, pienso en la fotografía, en sus caminos y sus funciones sociales. La he podido estudiar desde una distancia que me ha permitido observarla.

Bolsa, 2009.

ER: Platícanos, por ejemplo, en tu proyecto de la familia Hank. ¿Cómo logras captar esa intimidad que puede observarse en las fotografías?

YV: Utilizo mucho el papel de un fotógrafo de sociales. Es mi puerta de entrada. El camino que transito en estas situaciones es un poco fronterizo, en el sentido en que la gente me invita como artista. La primera vez que fui a tomar fotos fue con mi papá a quien invitaron a hacer las fotos y a mi para que capturará algunas con mi estilo. Mi papá tiene una larga historia en la sociedad tijuanense. Así que fue una situación en la que me ayudó mucho y el parecido con mi hermana gemela que en ese entonces estaba en el momento cumbre de su carrera. Ese parecido a la celebridad, sin importar si eres o no, ayuda. Con esa familia yo ya tenía historia. A María Elvia la conozco desde mi infancia, mi papá la fotografió muchas veces. Así que ya había contacto. En algún momento le propuse el tema del libro y le encantó la idea.

ER: Cuéntanos sobre el proyecto de “San Pedro Garza García”.

YV: En este municipio de Nuevo León, conocía a muy poca gente pero las relaciones se van desdoblando. Así fue como esta cadena de relaciones se fue dando, a partir de mi interés por ellos. Mi pasión por hacer un libro y querer que sean parte de él. Aprendí mucho y fue un tiempo muy especial para mí.

Rosina y modelos, 2013.

ER: ¿Y sobre la serie de RBD “Inédito”?

YV: Ese fue un proyecto de artista que realicé en 2006. Fundación Televisa me invitó para hacer una interpretación sobre las telenovelas. Pedro Damián nos dio total acceso. Me fui con ellos a conciertos fuera de México. Trabajaban muchísimo. Fue muy interesante pues yo siempre tuve la curiosidad de entrar a Televisa pues sentía que construía una visión muy plástica de la gente. Siempre tuve ganas de trabajar ahí y hacer fotos a mi estilo. Televisa para mi era el ejemplo perfecto de la imagen construida. Fue algo que me llegó en el momento justo. Además, mi hermana tenía uno o dos años de haberse convertido en un fenómeno pop y yo tenía muchas cosas que decir acerca de la fama, de la necesidad del público por tener este tipo de figuras. Para mí fue muy satisfactorio hacer este proyecto pues siento que me abrió las puertas de par en par. Tuve mucha libertad.

Alberca, 2006.

ER: ¿Te has enfrentado con algún tipo de problema o distinción en tu carrera por ser mujer?

YV: No. Yo crecí en una casa en la cual siempre hubo una enseñanza dual y extraña hacia nosotros. Se nos reforzaba mucho la idea de ser independientes pero al mismo tiempo de que nos casáramos con alguien de dinero. Era confuso. Sin embargo, la idea de ser independiente fue la que se arraigó en mi. Así que yo crecí viendo al mundo desde una burbuja. Por esta razón llegué a la Ciudad de México con cierta inocencia. Lo más que viví fue el encontrarme con alguno que otro medio macho, pero jamás me tocó tener dificultades por ser mujer.

ER: ¿A qué fotógrafos admiras?

YV: La fotógrafa a la que asistí en Nueva York fue una figura muy importante para mí. Rineke Dijkstra, la fotógrafa holandesa es otra. Pude conocerla personalmente y trabajar un poco con ella y es una mujer noble y hermosa, más allá de que es muy reconocida dentro del mundo del arte. Ella es una figura que no compite con los otros fotógrafos. Participa dentro del mundo del arte contemporáneo y es más comparada con pintores que con fotógrafos. Es impecable su obra. Su forma de trabajar y de pensar sobre la trascendencia es algo que a mi me interesa. La admiro mucho.

Debutantes, 2004.

ER: ¿Cómo fotógrafa, qué perspectiva tienes del mundo y de la vida?

YV: Yo creo que todo está conectado. Todo el aprendizaje que puedas tener está conectado con el trabajo que puedas hacer. Siento que el haber tenido hijos fue una decisión muy importante para mí que me ha dado un conocimiento mucho más profundo de mis propios sentimientos y posibilidades como ser humano pues te llevan de alguna forma a tus propios límites. Ser madre me ha hecho crecer como ningún trabajo lo había logrado. Estoy en un momento de mi vida en el cual creo que lo que das es lo que recibes. Es algo que hoy veo muy claro. Hubo un momento de mi vida en el que estuve muy enojada. Ahora estoy feliz, en armonía.

ER: ¿Nos puedes contar sobre el proyecto que estuvo expuesto en Zona Maco Foto?

YV: Yo tenía pendiente ese trabajo desde hace ya varios años, pero no estaba lista para indagar en él. Después de San Pedro, de estar cuatro años trabajando, me parecía imposible volver a involucrarme en un emprendimiento de ese estilo. Sin embargo, no puedo estar quieta, siempre quiero estar creando y haciendo que sucedan cosas nuevas. El proyecto de mi papá lo empecé en el 2005 y básicamente se trataba de hacer un libro de artista. Así que me metí a su archivo y vi imágenes que a mí me hubiera gustado haber tomado. Fue una revelación. Posteriormente me traje todo el archivo, lo cual ha sido un proceso muy pesado e importante. Un trabajo que implica ver a la fotografía desde su materialidad y en la gran posibilidad que hay de que se degrade. Todo se lo mostré a Johann Mergenthaler. Él es mi aliado desde hace varios años en cuanto a mis trabajos nuevos. Cuando lo vio, le gustó mucho. Fueron 30 fotografías las que se mostraron y fue todo un gran experimento. Es un conjunto de imágenes muy distintas a las que yo tomé, es decir, menos solemnes y me encanta ver la diferencia que hay en los cuerpos con los de hoy en día. Son muy humanas y muestran una gran vulnerabilidad. Además, fue maravilloso que se aparecieran las personas que salen en las fotos. Abrí un Instagram especial para ese trabajo, @archivojlvenegas, y por ahí me contactan personas que ven a sus familiares en las fotos. Hay mucha añoranza, melancolía. Es un proyecto que también habla de mi papá, de la reconstrucción de un oficio en una ciudad en el que la sociedad estaba en formación.

Zally, 2013.

 

 

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Sobre el autor

Vive en una ubicación no revelada y desde ahí trabaja en algunos proyectos
que prefiere mantener en secreto. Escribe para poder sobrevivir el caos y la
nostalgia de su vida diaria. Es maestra en Arte y ahora considera qué tal vez
sea necesario tener otro título para guardarlo en un librero. Le gustan los
perros, ama el cine y la música. Hasta hace poco tiempo entendió que la vida no tiene sentido y desde entonces es muy feliz y vive cada día como si fuera el último. Seguirá escribiendo hasta que las luces se apaguen.

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